Spoiler: el objetivo de este artículo es promocionar la exposición individual de Mario Dávalos que se inaugura hoy, a las 7:00 p.m., en el Museo de Arte Moderno.
Hablar de una obra de arte es también hablar del artista, en tanto sujeto creador, como de la obra; una que se expresa con su propio lenguaje, pero que refleja el ethos del creador en un momento dado.
Toda obra –en este caso, pinturas– deviene en ser la concreción del marco mental del artista; de la realidad que lo condiciona; de sus miedos, anhelos, temores, esperanzas. Más que técnica, es reflejo. Más que trayectoria, es evolución.
Dávalos combina acción con teoría, pasión con disciplina, espontaneidad con rigor. He cruzado camino con él muchas veces. Desde los lejanos tiempos del Pico Duarte en el Colegio Loyola, hasta una reflexión sobre los desafíos de la comunicación política en el siglo XXI, porque Mario es –ante todo– montañista, expedicionario, fotógrafo de viajes y aventurero nato. Aunque a ratos se dedica a la escritura, la publicidad y la comunicación estratégica, todo eso lo hace para intentar escapar de su verdadera vocación, que es la pintura.
La pintura es su forma esencial de hacer todo lo demás, de comunicarse, de expresarse. Cada pieza de su obra es un discurso, pero también un testimonio de todo lo vivido, pensado, soñado, hablado.
El segundo versículo del Génesis dice que en el principio, “el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”. Si en La Palabra el agua lo cubría todo, es porque el agua era el principio de todo. ¿El agua materia o el agua esencia? El agua como forma, pero también contenido.
“Todas las formas del agua” es eso, un depurado relato pictórico de cómo una simple molécula crea, sostiene y ordena la vida. Un relato contado por quien ha visto esa multiplicidad omnipresente expresada en la suave lluvia que cae sobre el Serengueti, en el oleaje tormentoso del Pasaje de Drake, en la quietud azul de los glaciares en Alaska, en la vida que fluye en el vientre primigenio del Amazonas… un relato que toma forma sobre el lienzo, luz en el óleo, vida en el pincel y proporción en la perspectiva.
Celebremos “Todas las formas del Agua” como un llamado a reflexión sobre la importancia del recurso hídrico, pero también como un recordatorio de que, como señala el Tao Te King, el agua es también la maestra que nos enseña a fluir, a adaptarnos, a dar, a ser.
Cada cuadro de Dávalos es un reclamo, pero también un llamado que se expresa en textura, belleza y mensaje; una búsqueda onírica de la verdad que se proyecta sobre el lienzo, que escapa de las manos del artista, y que estará colgada en las paredes del museo, para deleite de todos los que acudan hoy a verla. Yo el primero.