El icónico narrador de béisbol Santana Martínez popularizó aquello de “tener el agua al cuello”. Javier Núñez conoció el verdadero significado de esa frase cuando apenas tenía cinco años. Pero él no sabía nadar.
A esa corta edad, Javier estuvo a punto de morir ahogado. Hoy, a los 19 años, el agua es precisamente el escenario donde ha construido una carrera que ya lo ubica entre los principales atletas del país.
El nadador dominicano se convirtió esta semana en una de las grandes figuras de los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026. Primero conquistó la medalla de bronce en los 50 metros libres. Y, ayer volvió a subir al podio, esta vez para colgarse la plata en los 100 metros libres.
Pero, ¿cómo casi se ahogaba?
Aquel día, jugaba con varios de sus primos en una piscina. Sin saber nadar, decidió lanzarse a la parte más profunda. Sus primos no se dieron cuenta de que se estaba hundiendo. Quien sí lo hizo fue su madre, Julia Barreras.
Ella tampoco sabía nadar.
Sin pensarlo dos veces, hizo lo que probablemente habría hecho cualquier madre, lanzarse al agua para intentar salvar a su hijo, aun cuando eso significara poner en riesgo su propia vida. Durante unos angustiosos segundos ambos luchaban por mantenerse a flote hasta que uno de los primos logró sacarlos de la piscina.
“Realmente pensé que mi madre me iba a castigar, obviamente fue una imprudencia de mi parte, era apenas un niño”, dijo Núñez al Listín Diario.
Ocurrió exactamente lo contrario.
Julia entendió que la mejor manera de evitar que aquella escena se repitiera era enseñándole a nadar. Sin saberlo, acababa de tomar la decisión que cambiaría el destino de su hijo.
Lo inscribió en natación, y lo que comenzó como una medida de seguridad, terminó convirtiéndose en una pasión.
“Poco a poco me fue apasionando más la natación hasta que decidí que eso era a lo que me quería dedicar”, añadió Núñez.
Sin embargo, aprender a nadar fue apenas el primer desafío.
La natación es uno de los deportes más exigentes y costosos del programa olímpico. Alimentación, terapias, recuperación física, suplementos y largas jornadas de entrenamiento forman parte de la rutina diaria. En una familia de cuatro hijos, varios de ellos también vinculados a este deporte, el esfuerzo económico fue enorme.
Javier asegura que detrás de cada una de sus medallas siempre ha estado su madre. No solo por aquel día en que arriesgó su vida para salvar la de él, sino por todos los años posteriores de sacrificios silenciosos para que nunca le faltara una oportunidad de seguir creciendo como atleta.
Los resultados comenzaron a llegar.
Ganó medalla de bronce en los Juegos Centroamericanos y del Caribe San Salvador 2023. En París 2024 hizo historia al convertirse, con apenas 17 años, en uno de los atletas dominicanos más jóvenes en participar en los Juegos Olímpicos. Ahora, en Santo Domingo 2026, volvió a responder con sus dos preseas para confirmar que el relevo de la natación dominicana ya tiene nombre y apellido.