Durante años, Domingo Lorenzo aprendió a vivir con dos blancos delante de él. Uno estaba en el campo de tiro, donde debía apuntar con precisión para derribar los platos.
El otro era mucho más difícil de alcanzar, una enfermedad que amenazó con quitarle la vida y que, aun así, no consiguió sacarlo del deporte.
En los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, Lorenzo conquistó la medalla de plata en fosa por equipos, un resultado que compartió con su hermano Eduardo y con Henry Tejeda.
Sin embargo, la gran victoria de su vida fue en la década pasada.
En el 2010, después de una práctica de tiro sufrió un desmayo. Fue llevado al médico y le realizaron varios análisis. Regresó a su casa sin imaginar que aquellos estudios habían encontrado algo que cambiaría su vida. Tiempo después, cuando acudió al hospital porque su esposa estaba enferma, ella le dijo que el médico quería hablar con él. Lorenzo ya sospechaba que algo no estaba bien. El diagnóstico fue leucemia.
“Ese diagnóstico cambió mi vida. Lo primero que uno piensa es en cuento tiempo más podría durar con vida, y el hecho de no estar para mi familia me mataba”, dijo Lorenzo al Listín Diario.
El diagnóstico llegó en uno de los momentos más difíciles. Su esposa, Deisy Miniño, tenía ocho meses de embarazo. Mientras su familia esperaba la llegada de Sebastián, Domingo comenzaba una batalla que lo llevaría a pasar largos períodos hospitalizado.
“Eso era incluso lo peor. Mi esposa estaba a punto de parir, y el hecho de no poder estar presente para ella y para mi hijo era algo que me frustraba”, añadió Domingo.
En República Dominicana las posibilidades de un trasplante de médula eran limitadas, por lo que Lorenzo comenzó a investigar alternativas en Estados Unidos. Viajó a Miami sin seguro médico y fue internado tres veces.
La doctora que lo trató, inicialmente no quería recibirlo porque su práctica estaba dirigida a pacientes de mayor edad, pero la intervención de un amigo, el médico dominicano Rafa Antún, ayudó a cambiar la decisión. Ahí estuvo interno varios meses, pero al final no encontró la alternativa que buscaba.
Después apareció otra posibilidad en Washington, un programa de trasplantes que por sus características, Lorenzo describe como un experimento.
“Era como una especie de ‘conejillo de indias’, si salía todo bien, yo gané, pero también había un gran porcentaje de que el experimento fracasara”, recuerda Domingo.
El donante debía alcanzar al menos un 60 % de compatibilidad y tener menos de 50 años. Se hicieron estudios a sus tres hermanos. Los dos primeros no cumplían los requisitos.
Entonces apareció Leonor Lorenzo.
Su hermana resultó compatible con el 100%, y en ese momento tenía 49 años. Le quedaba apenas uno para superar el límite establecido. Para Domingo, esa coincidencia no puede explicarse.
“Eso fue un milagro de Dios. Yo lo cuento y todavía me cuesta creer cómo se dio todo”, añadió Lorenzo.
Pero, Leonor no fue la única heroína. Su madre, Judith Casasnovas, que entonces tenía más de 70 años, lo acompañó a Washington para cuidarlo mientras su esposa se recuperaba del parto. Esta última, después de recuperarse, se unió al grupo de las heroínas.
Deisy dejó temporalmente a su hijo recién nacido y se marchó a Washington para acompañar a su esposo. Pasó casi dos años lejos de Sebastián y de su otra hija, Isabella, algo que evidentemente no cualquier madre está dispuesta a hacer.
Finalmente el transplante de médula funcionó, y Domingo pudo sobrepasar la leucemia, sin embargo, incluso con ella no dejó de competir.
Entre 2010 y 2014 continuó tirando mientras enfrentaba la leucemia. Ganó múltiples medallas en los Juegos Militares, incluso cuando entre los descansos llegó a vomitar sangre a causa de la enfermedad.
En 2012, por ejemplo, la Fuerza Aérea ganó el tiro de fosa por equipos con Lorenzo entre sus integrantes; en 2013 volvió a formar parte del conjunto campeón, que estableció entonces un récord de 530 puntos.