Hay debuts que simplemente quedan registrados en una estadística y otros que dejan la sensación de que algo comenzó. El de Chad Baker-Mazara parece pertenecer al segundo grupo.
Cuando finalmente se puso la camiseta de República Dominicana, estaba cerrando una espera de años, cumpliendo una promesa personal y, de alguna manera, regresando a casa.
A sus 26 años, el alero dominicano tuvo finalmente la oportunidad que tantas veces pareció cercana y que, por una razón u otra, nunca terminaba de concretarse.
“Siempre quise jugar con la selección. Se lo prometí a mi mamá. Hubo momentos en que parecía que iba a pasar y al final no se daba. Pero gracias a Dios que se pudo concretar”, contó Baker-Mazara tras el partido de este lunes en que Dominicana derrotó cómodamente a Chile en la cuarta ventana clasificatoria al Mundial de Catar 2027.
Después de que Luis Santos quedara fuera y de la posterior lesión de Ángel Luis Delgado, se abrió un espacio en la convocatoria para el jugador nacido en Santo Domingo. Y cuando Néstor “Che” García le dio la oportunidad, Baker-Mazara respondió como alguien que llevaba mucho tiempo esperando exactamente ese momento.
En la victoria dominicana, estuvo 14 minutos y 59 segundos en cancha. Anotó ocho puntos, capturó tres rebotes, repartió dos asistencias y consiguió tres robos. Lanzó de 3-7 desde el campo y de 1-4 desde la línea de tres.
Pero reducir su debut a esos números sería quedarse corto.
Lo que más llamó la atención fue la energía con la que jugó. Corrió, defendió, peleó cada balón y mostró esa disposición para competir que ha marcado buena parte de su trayectoria.
Su historia
Baker-Mazara nació en Santo Domingo en una familia donde el baloncesto siempre estuvo presente. Su padre, Derrek Baker, jugó en South Carolina State y posteriormente desarrolló una carrera como jugador y entrenador en el extranjero. Su madre, Carmen Mazara, ha sido una de las figuras fundamentales en su vida.
A los 16 años, Chad tuvo que dejar República Dominicana para comenzar una nueva etapa en Estados Unidos. Era apenas un adolescente enfrentándose a un cambio enorme. Otro país, otro ambiente, otra cultura y, además, la necesidad de adaptarse a un idioma que no dominaba.
Vivió con su abuelo, Bailey Baker, mientras intentaba abrirse camino en un mundo nuevo. El baloncesto fue una de las herramientas que le permitió adaptarse, pero el proceso no estuvo exento de dificultades.
En medio de todo aquello estuvo su madre.
Carmen fue ese vínculo con la casa que había dejado atrás y una voz constante de confianza. Baker-Mazara ha hablado en distintas ocasiones del respaldo que recibió de ella y de cómo nunca dejó de creer que algún día tendría la oportunidad de representar a su país.
Por eso, quizás, su debut fue mucho más que 15 minutos sobre una cancha.
Durante sus años universitarios, hubo momentos en los que la presencia de su madre en las gradas tenía un significado especial. Ella había visto de cerca el esfuerzo, los cambios y los momentos difíciles. Ahora podía verlo con la camiseta que su hijo había querido vestir durante tanto tiempo.
La oportunidad llegó, finalmente, frente a Chile.
Y Baker-Mazara no la dejó pasar.
Recibe elogios
Después del partido, el dirigente Néstor “Che” García destacó las condiciones del jugador y dejó entrever que puede convertirse en una pieza importante dentro del proyecto de la selección.
“Me dejó fascinado. El cielo es el límite para su talento”, dijo el Che.
Andrés Félix igual resaltó su talento, su garra y, especialmente, sus ganas de competir.
“Él es muy talentoso y con muchas habilidades, pero lo que más me gusta es el hambre que tiene de ganar”, dijo Félix.
Eso últmo quizá sea lo que mejor define este debut. Hambre.