El programa Accelerated Basic Course (ABC) es un esquema de desarrollo técnico que permite a jóvenes egresados de secundaria técnica en electromecánica de vehículos del Instituto Politécnico Loyola, en San Cristóbal, ser colaboradores de la empresa IMCA durante siete meses con una formación técnico-práctica.
Capacitándoles con temas relevantes para la operación de la mecánica, el técnico puede descubrir la seguridad, control de contaminación, hidráulica, motores, electricidad/electrónica, tren de fuerza, transmisiones, inspección, diagnóstico, informes técnicos, llegando a graduarse como Técnico de Servicio Nivel II, con potencial de crecer internamente hasta Nivel VI.
Dentro de esta capacitación profesional, destaca un grupo de mujeres jóvenes especializadas que, contra todo pronóstico, dominan un área dominada por hombres, superando los prejuicios asociados y formando parte de las primeras promociones de mujeres técnicas en la empresa mientras promueven la inclusión.
El programa ABC es implementado en la República Dominicana desde el 2009 con un esquema de tres meses, ampliándose posteriormente a siete meses para extender el alcance de conocimientos y nivel de egreso de sus participantes. Aunque en un inicio no estaba dirigido para el sexo femenino, desde hace tres años la empresa decidió incorporar y aceptar mujeres en el área técnica.
Para Daniela Pérez, quien forma parte de la primera promoción de candidatas admitidas, su fascinación por los motores grandes durante su primer año en el instituto y el impulso de su madre la ayudaron a postularse en el ABC sin saber que posteriormente se dedicaría al área de motores y radiadores, consolidándose como técnica de nivel tres.
“En mi entorno nunca estuve relacionada con la mecánica, pero en el primer año (del instituto) hay visitas a los talleres donde te presentan cada una de las carreras para que tú puedas elegir una y ahí fue cuando tuve mi primer acercamiento con la mecánica; fue amor a primera vista. Nos llevaron al taller, yo vi que había una camioneta donde hacían prácticas y elegí esa carrera”, contaba con emoción.
Dlismar del Rosario y Alexa Nivar relataron que desde pequeñas estuvieron rodeadas del mundo de la mecánica, la primera por su padre y la segunda por su abuelo, quedando fascinadas con este primer contacto aun cuando solo se dedicaban a observar.
Mientras que Alexa manifestó que su interés por seguir estudiando más sobre este campo y su relación con la minería la motivó a entrar al programa, para Dlismar la idea de desempeñarse como técnica mecánica le resultaba lejana más decidió aplicar cuando se abrieron las vacantes para mujeres, logrando ingresar en su segundo intento.
Para ambas, uno de los principales retos dentro de este mundo laboral ha sido demostrar que, a pesar de las diferencias biológicas entre sus compañeros, ellas también pueden brindar ayuda útil en el campo, llegando a manejar maquinaria pesada y encargándose de la reparación de equipos sin la ayuda de sus instructores.
“No puedo decirte que tenemos la misma fuerza que un hombre, pero por lo menos podemos prestar una ayuda que sea útil”, resaltó Dlismar, quien se desempeña en el uso de tractores.
Asimismo, Alexa, quien labora en renta y equipos usados, narró con un aire de frustración y orgullo cómo algunas personas relacionadas con su círculo a menudo no le creían que ejerciera en el oficio, llegando incluso a mostrarles fotos de sus labores en el campo o el taller.
“Mucha gente en la calle, tú le dices que eres mecánica y te dicen ‘tú no pareces mecánica’, ‘tú pareces muy femenina’, pero yo no necesito parecerme a un hombre para ser mecánica”, explicó.
Rasgo distintivo
Cada participante del programa ABC son colaboradores de IMCA desde el inicio del programa, y al culminarlo se insertan directamente a esta área laboral, contando con 239 graduados que continúan su crecimiento interno a través del plan de carrera técnica, y posteriormente a otras áreas de la empresa.
ABC simula un taller mecánico de estándar internacional con componentes, motores, laboratorios de hidráulica y electricidad, con simuladores, mesas y herramientas de trabajo, donde los estudiantes practican inspección, mantenimiento, diagnóstico y reparación sobre equipos y sistemas reales.
El proceso de ingreso incluye evaluaciones teórica y práctica, además de entrevistas que, según relataron Mía Yesley Cabrera y Crisaldi Lissette Nina, fue una de las partes más retadoras a su parecer debido a la cantidad de información a retener; más luego lograron superar ese miedo inicial para abrirse camino junto con sus demás compañeros y servir de inspiración a que otras mujeres se incorporen en el área técnica.
“Vienen personas de atrás que ven a uno y no ven una limitante, como antes se veía; le abre expectativas a otras mujeres de que sí se puede”, mencionaba Mía.
“Uno se sigue esforzando para que sigan abriendo más áreas todavía”, agregó Crisaldi.
A pesar de que al principio cada una dudaba de cómo serían aceptadas el trato equitativo y de apoyo de sus colegas las ayudó a superar sus límites permitiéndoles dedicarse en IMCA al trabajo con equipos pesados.
Crecimiento personal y laboral
Con historias o muy parecidas o muy diferentes entre sí, todas ellas coincidieron en que la experiencia en el programa generó impacto positivo en sus vidas, tanto a nivel personal como laboral, haciéndolas sentir más seguras, orgullosas y capacitadas en resolver problemas, además de sentirse físicamente más fuertes.