Tener la certeza de que cada mañana se levantaría siendo una testigo más del ascenso del teleférico hacia la Loma Isabel de Torres, le aseguraba a Jessy Sánchez una infancia con una buena historia que contar. Nació y creció en la Avenida 27 de febrero, en Puerto Plata.
Hoy, siendo adulta, atesora aquellos días, como también lo hace con los recuerdos que guarda de la presencia imponente de los cruceros que llegaban como edificios flotantes a “decirle” que más allá de la imaginación, esa niña feliz, en su propia realidad podía vivir una infancia colorida.
Al parecer, el Universo le tenía reservada una vida fuera de su amado pueblo, y la estaba preparando para que fuera de su terruño, nunca olvidara sus raíces. A muy temprana edad llegó a Zúrich, Suiza, movida por una historia familiar ligada al amor. “Tras el divorcio de mis padres, mi madre contrajo matrimonio con un ciudadano suizo. Ese vínculo me abrió las puertas a una formación académica bilingüe y a una vida profesional que hoy se despliega entre Europa y el Caribe. Ese recorrido entre Puerto Plata y Zúrich moldeó mi identidad”. Hoy, ella representa con orgullo a la comunidad dominicana en el exterior.
Esta mujer que no se deja vencer antes los obstáculos en el camino, se ha dedicado a formarse para ser una digna representante de su país. “Mi compromiso con República Dominicana es activo y permanente. Ser parte de la diáspora significa ser embajadora de lo nuestro. La tarima internacional es mi pasarela”. Con orgullo lo cuenta quien tiene un PhD en Diplomacia y Relaciones Internacionales.
Su portafolio de conocimientos no sólo dispone de títulos que evidencian sus competencias profesionales. También reserva un apartado con los puestos que ostenta esta dominicana que no da su brazo a torcer. Ella es quien preside la Cámara de Comercio de Mujeres Dominicana, es diplomática, escritora, y desarrolla programas y conferencias sobre el ‘ADN’ de la migración.
A fuerza de capacitación
Para probar las mieles del éxito que hoy ostenta, Jessy ha tenido que ‘guayar la yuca’. Está consciente de que nada llega de golpe y porrazo. Esta cita lo confirma: “Viví en carne propia lo que significa no pertenecer, ser señalada como extranjera y no entender nada cuando se hablaba de mí. Eso me afectó tanto que creo que desarrollé una obsesión por darme a entender correctamente”. Pese a ello, siempre tuvo la convicción de que esto lo podía vencer con la preparación. A partir de ahí, nunca ha dejado de capacitarse.
Fue inteligente. Cuando se mudó a Suiza se llevó sus libros de historia dominicana. “En lo que llegaba el momento de comprender la televisión y los textos en alemán, leía la historia de Anacaona, Salomé Ureña, María Trinidad Sánchez y las Hermanas Mirabal. Ellas sembraron en mí el valor de la palabra y la resistencia”. Agradece haber sido parte de una generación que leía, que imaginaba, que soñaba sin celular.
Tan marcada quedó por aquella experiencia que, en su rol como escritora, sus contenidos giran en torno al fenómeno de la migración. “Por ese afán de ser comprendida y aceptada, desarrollé una personalidad que integra lo diplomático, lo social y lo internacional”. Para justificar su determinación, pone como ejemplo que ha seguido el camino de Minerva Mirabal con la filosofía de convertir la inspiración en acción.
Le ha dado resultado aferrarse al legado dejado por las mujeres de la historia, eso sí, sin perder su esencia. De hecho, comparte con otros lo aprendido. “Yo no toco puertas: las tumbo. No permitan que el qué dirán les robe la luz. Sean perseverantes. Conviertan cada deseo en acción. La pereza es un enemigo silencioso: no le den espacio. Crean en ustedes, incluso cuando el mundo dude. Y pongan a Dios en el centro de cada proyecto: la guía espiritual es el fundamento de todo. Este es el tiempo de los valientes. Y tú, que lees esto, eres el próximo en contar tu historia”. Es así como de forma ocurrente lleva un mensaje a los jóvenes para que no se dejen vencer.

“No me casé con el amor de mi vida, pero él sigue siendo la musa eterna de mis poesías”
“Como muchos migrantes dominicanos, crecí con la nostalgia de los tiempos vividos en mi país”. Sus añoranzas podían advertirse en sus proyectos escolares y universitarios. “Estaban impregnados de poesía, de colores caribeños, y de playas y palmas ausentes en la tierra de los Alpes”. Sus palabras son un reflejo de lo que lleva en su mente y corazón.
Con su melancolía a cuestas, se abría paso en un lugar tan distante como distinto a su amada República Dominicana. Con la fortaleza como aliada: “Construí lazos sólidos con migrantes de diversas culturas y trabajé con organismos internacionales para fortalecer la integración laboral de personas migrantes. Era como llenar mi propio vacío al dejar mis raíces atrás”. Esa labor le ha permitido llevar los valores dominicanos a escenarios globales donde antes no se tenía presencia.
No ha desmayado en su lucha por poner a su país donde el capitán lo vea. “Mi compromiso con República Dominicana es activo y permanente. Ser parte de la diáspora significa ser embajadora de lo nuestro. La tarima internacional es mi pasarela”. Además de sus programas y conferencias sobre el ADN de la migración, trabaja en el ‘soft power’ dominicano y en la identidad como puerta del Nuevo Mundo. Cada intervención es un tributo a la tierra que me vio nacer”. En su maleta siempre hay un espacio para su bandera.
Aunque el crédito de lo logrado hay que endosárselo a ella, Jessy no pasa por alto resaltar que en su vida ha habido ángeles en el camino. “He tenido muchos. En especial el señor Miguel Franjul, quien me abrió las puertas para publicar mi primer artículo desde la diáspora”. ‘Hoy tengo un sueño’, fue el título de aquella publicación. Ese gesto liberó su voz convirtiéndola en un escrito que le permitió descubrir un hábito que hoy es parte esencial de su vida.
Con una anécdota cita a un segundo ángel en el trayecto. Se trata precisamente de Marcelle Franjul, hija de don Miguel. “Ella creyó en mí desde mi primer borrón. Recuerdo como si fuera hoy cuando me dijo: ‘¡Mira, corrige esa palabra, que si papi ve eso…!’. Así nació la escritora en mí. Y quién lo diría: después de numerosos artículos, he logrado ‘En espera de tu like’, mi primera novela”. Es optimista y está confiada en que será un éxito que alcanzará las pantallas de cine.
Metas por cumplir
Jessy quiere seguir escribiendo. En carpeta tiene el plan de concebir una novela basada en la primera mujer líder del Nuevo Mundo: Anacaona. “Su figura debería ocupar un lugar central en la narrativa global, al nivel de Pocahontas, Mulan o Boudica. Una producción de alto nivel —Disney, Netflix, Amazon Studios— abriría una ventana internacional hacia nuestra herencia taína, aún relegada”. Conociendo que lo que llega a su mente toca sus manos, pronto habrá que hablar de ese contenido.
También tiene propósitos sociales. “Desde la Cámara de Comercio de Mujeres Dominicana, mi meta es integrar y regularizar a los empresarios dominicanos, especialmente a los emprendedores de la diáspora, quienes aportan enormemente al desarrollo económico, pero que muchas veces quedan fuera de los marcos formales”. Su visión va más allá de obtener logros propios. Quiere que como ella, sus compatriotas, no se dejen vencer.
¿Hay algo que has querido hacer y no has logrado?
Esta pregunta se le hizo al ver al detalle las tantas cosas que ha podido lograr esta soñadora dominicana. Fue sincera con su respuesta. “Sí. Dejé atrás muchos sueños, como por ejemplo, estudiar Medicina al igual que mi padre, Ramón Antonio Sánchez, o ejercer como abogada, profesión que siempre deseé pero, que por los estándares en Suiza, no pude cumplir. Y, por supuesto, no casarme con el amor de mi vida”. Aun así, ese hombre es la musa eterna de sus poesías bohemias y melancólicas.
La historia de esta mujer que no se deja vencer ni por el romanticismo que parece definirla, es un testimonio de fortaleza y determinación. “Quienes me conocen saben que rendirse no existe en mi filosofía ni en mi estilo de vida. Hace años opté por sustituir la palabra ‘negativo’ por ‘inesperado’; lo inesperado obliga a actuar. No hay límites, sólo metas y desafíos. No tomo los rechazos como algo personal: acepto un ‘no’ como si fuera un ‘sí’ en pausa. Todo tiene su momento y su lugar. Vivo sin rencores, y eso, a futuro, te vuelve a abrir las puertas de quienes alguna vez te cerraron una”. Con un “todo pasa, nada queda” cierra esta cita digna de imitar.
Jessy es persistente y, es en base a su convicción que aconseja a otros para que no se dejen vencer. “Sean tercos con sus sueños. Todos somos imperfectos, incompletos, llenos de miedos e inseguridades. Si es necesario romperse para empezar de nuevo, háganlo mil veces”. Para ella, lo importante es volver a soñar, a vivir, a intentar.
Su pretensión a futuro es lo que la lleva a responder que, si estuviera en sus manos cambiarle algo al mundo, sin dudarlo: “Eliminaría las guerras. El diálogo es mi bandera. La diplomacia es la capacidad de representar con dignidad la paz mundial”. También desea que el mundo vea a República Dominicana como un país con liderazgo, capacidad y visión de futuro.