Cuando llegó a la Redacción de LISTÍN DIARIO, el porte de Luz Emilia Peña Núñez, a quienes todos conocen como Lucy, dejó claro que es una mujer que no se rinde. Se mostró relajada, confiada y muy segura.
Mientras hay personas que, hasta porque se ponen tristes momentáneamente, atentan contra su vida, ella, siendo una paciente con diagnóstico de bipolaridad, mejor ayuda a otros que padecen la enfermedad a manejarla y a no dejarse vencer por ésta.
Fue a los 38 años que Lucy se enteró de que forma parte de la larga lista de dominicanos que padecen de este trastorno que afecta la salud mental. Ante esta revelación es normal que algunos se pregunten: ¿Tan tarde? Pues sí, y ella, como especialista y paciente, tiene la respuesta.
“Aunque la bipolaridad tiene mucho que ver con aspectos heriditarios, hay que puntualizar que, hay factores que pueden incidir en la primera aparición de este trastorno como son las situaciones de mucho estrés, la muerte de un ser querido u otro evento traumático”. Lo suyo al parecer tiene un poco de todo.
El padre de esta mujer que no conoce la palabra rendirse, padeció de bipolaridad. “Realmente, nunca supe si se debía a facrores genéticos o a otros motivos, pues siempre lo vi muy bien, hasta que pasó por un momento muy difícil. Él, de manera involuntaria, atropelló a un señor que luego falleció, y eso acabó con él. A partir de entonces, su comportamiento cambió para siempre”.
No sabe si éste la heredó o se la detonó el trauma que le causó el accidente. “Porque de verdad, eso le afectó mucho. Mi papá era un hombre muy bondadoso, incapaz de hacerle daño a alguien. Sé que eso le hizo daño”. Lo medita.
La muerte de doña Olga
La mujer que durante toda la entrevista se mostró sonriente y muy desenvuelta, presentó su primer evento cuando en el año 2009 perdió a su madre. Esto, junto a un trabajo desgastante que tenía para entonces, más la situación que había visto en su padre, al parecer se combinaron para jugarle una mala pasada: provocarle una enfermedad que llegó para quedarse.
¡Advertencia!
A su expediente se agregó la recomendación de un allegado que le sugirió tomar unas pastillas para rebajar, las que en definitiva, fueron el detonante.
“Yo me puse muy mal, pero muy. El caso es que hubo que llevarme a una psicóloga que, viendo mi caso tan delicado, le dijo a mi esposo que tenía que verme un psiquiatra. Me internaron y, cuando me dieron de alta, me fui a la casa con un tratamiento por ocho meses”. Todo parecía marchar bien, pero tuvo una recaída ese mismo año.
Luego de eso, Lucy fue diagnósticada con trastorno bipolar tipo 1. “Éste te hace estar entre la manía y la depresión. Empiezas con hipomanía activo, bien de humor, pero terminas muy en baja. De ahí la importancia de buscar ayuda y conocer los avisos que te da la enfermedad cuando viene una crisis”. Si duermes bien y notas que te despierta antes de lo normal, es casi seguro de que viene un episodio de manía o depresión.
En 2012 crea la fundación

Aunque ha sido siempre una persona inquieta, su condición de bipolaridad, no le ha impedido seguir hacia delante. Continuó su trabajo en Codetel, como se llamaba antes la empresa de telecomunicaciones, Claro, donde duró 20 años laborando y aprendiendo.
Seguía con su tratamiento, el que después de su diagnóstico y apariciones de crisis, pasó a ser de ocho meses a uso continuo.
“Pero yo no me rendí ni me rindo ante esta enfermedad. Con el tiempo le pregunté a la psicóloga que qué podía hacer para ayudar a quienes tienen lo mismo que yo, y juntas entendimos que una fundación. Ella me dijo que podía funcionar en ese mismo centro donde me consultaba”. Hoy esa entidad tiene 14 años.
Esta mujer que no tira la toalla, trata de mantenerse sana para poder sanar a otros
La bipolaridad no es algo sencillo. Partiendo de esta explicación, es posible entender mejor a Luz Emilia Peña Núñez (Lucy). Hay un día que se siente “todopoderosa”. “Es cuando estoy en la etapa de manía. Ahí soy ya tú sabes… Todo lo puedo, todo lo gasto…”. Sí, porque es algo que te hace creer que tienes el control de todo, pero es cuando en realidad no se tiene el control de nada.
Bajo los efectos de esta etapa la persona suele poner en superlativo lo que abunda en ella. “Si se trata de alguien mentiroso, cuando estás en manía, mientes más”. Pone el ejemplo para que quienes conviven con alguien con trastorno bipolar puedan entenderle mejor.
Cuando la crisis no viene con manía, sino con depresión, las cosas son distintas. “No hay deseos de nada, en vez de sentirte invensible, te sientes derrotada. Por eso es importante prestar atención a las señales y prevenir lo que viene”. De todo esto conversan en la fundación para, a través de cursos, talleres, conferencias, reuniones…, ayudar a los asistentes a llevar una mejor vida.

Para Lucy, es vital el apoyo de la familia. En la suya ha encontrado, no sólo respaldo para que ella tenga bienestar, sino para que continúe con sus proyectos y su trabajo.
“Mi esposo me ayuda en todo lo de la fundación. Si estudio, él está para mí, y en fin, ese soporte es sumamente importante para que una persona con esta condición siga adelante”. Aunque ella es muy funcional y profesional del área, el apoyo contribuye a que no tire la toalla.

Para dar énfasis a lo que cree, pone el ejemplo de lo que dice Pilar Sordo, una especialista chilena. “Tanto que decimos que la familia es lo más importante, pero entonces le dedicamos más tiempo al trabajo”.
«Hay que saber dividirse, priorizando siempre el bienestar de uno mismo para poder darse a los demás». Es lo que hace Lucy, una mujer que no tira la toalla y que trata de mantenerse sana para poder sanar a otros.
“¡Cuidado con lo que tomamos!”

Esta psicóloga clínica que ahora atiende a personas que padecen trastorno bipolar como ella, hace un llamado de atención, sobre todo a los jóvenes y, basado en su experiencia.
“No tomen medicamentos para rebajar o para lo que sea, sin el consentimiento de un médico. También eviten las bebidas energizantes, no se imaginan lo que pueden traerles como consecuencia a su salud”. Recuerden que, el detonante de Lucy para llegar al psiquiatra fue el consumo de unas pastillas con una posología en letras que no entendía. Aun así, se las tomaba.
No habla de cifras, pero sabe que en el país hay muchos pacientes con esta enfermedad y otras condiciones de salud mental. “Lo triste es que, todavía hay estigma y son pocos los que van a todo lo que hacemos en la fundación”. Lo lamenta.
Infancia feliz
Como toda niña, en su natal Moca, ella se divertía y jugaba con sus amigos hasta que sus padres le llamaban para que parara. Son cinco hermanos.
Desde pequeña, Lucy Peña aprendió a entregarse a todo lo que hace. Nada la detiene. A los 16 años ya era bachiller y vino a la capital a vivir en una pensión para estudiar Hotelería y Turismo en Unibe. Fue de la primera promoción de esa carrera y conseguió trabajo en el área, pero no era lo que realmente quería. En una feria de empleo logró entrar a la empresa en la que duró 20 años.
Trabajando ahí fue que le diagnosticaron la enfermedad mental, pero eso nunca la ha detenido en la busqueda de su capacitación y, de poner en marcha su solidaridad para con los demás.
“Me pongo metas y las cumplo. Lo que empiezo lo termino sin excusas”. No se rinde ni ante la condición que juega con sus emociones.