Nacidas en Vietnam, Los Mina, Penélope Polanco y Thalía Terrero han transformado a su sector de infancia en una cuna de campeonas tras las conquistas de sus medallas doradas en karate en los finalizados Juegos Centroamericanos.
Ambas provienen de la misma escuela de karate de la demarcación, las residencias de ambas solo está separada por una calle y las dos fueron recibidas como heroínas cuando conquistaron sus preseas doradas.
Terrero en los 55 kilos y Polanco en los 61.
Otra coincidencia entre las dos y sin quizás la mas deslumbrante es el corazón y la gallardía que mostraron en ruta a exhibir hoy la chapa de oro.
Ahh… también ambas se encontraban lesionadas al momento de disputar sus combates en el tatami, condición que le ofrece mucho mayor matiz a las preseas conquistadas.
En el caso de Polanco era tan notoria su lesión en la cadera que en un momento se pensó que la juez detendría la pelea. Tuvo que despojarse de su kimono para que su entrenador le roseara un spray especial en busca de calmar los dolores que la aquejaban.
“Sentía tanto dolor que por momentos pensé que no terminaría el combate, para mí iba ser muy frustrante no poder hacerlo, pero Dios tenía otros propósitos, estaba de mi lado y me protegió siempre”, expresa Penélope, tras conversar junto a su compañera de sector en el Café Deportivo del Listín Diario.
Polanco, quien se apoderó de la presea de oro tras derrotar Claudimir Garcés, de Venezuela en los 61 kilos, se había lastimado tres días antes mientras entrenaba.
“En ese momento pensé que no iba a poder competir, a veces no entiendo de dónde saqué la fortaleza para hacerlo”, agregó la hoy feliz medallista dorada, la primera internacional que alcanza en su carrera en el kumite.
“Casi no podía levantar las piernas, el uso de ella son las que nos proporcionan una mayor cantidad de puntos y ya esto representaba un hándicap en mi contra”, agrega.
Mientras que el oro Thalía también se produjo entre lesiones, en su caso con más de un año lidiando con la misma, la cual le ha perjudicado en su esfuerzo por alcanzar mayores logros, como en los Centroamericanos del Salvador en el 2023 a los que no asistió por encontrarse lesionada.
En la fecha de su combate se resintió la vieja molestia en la mañana, pero aún así decidió que saldría a pelear.
El anhelo por disputar la mayor chapa se conjugó por la presencia en las gradas de su familia, que incluía a su niña de solo tres años.
“Esta era la primera ocasión que mi familia me observaba combatir, este solo hecho me hizo sentir nerviosa, pero tenía que tirarlo todo hacia adelante”, expresa.
Otro hecho lo representaba su contrincante, la cubana Baurelys Torres, que es una veterana dueña de varias medallas mundiales, a quien Terrero observaba pelear desde joven.
“Su mayor fortaleza son las piernas, igual que yo, pero tenía que emplearme a fondo para poder ganarle, ella es mucho más experimentada que yo”, expresa Terrero, quien a medida de que fue avanzando el combate fue alcanzando mucho mayor confianza.
Hoy Polanco y Terrero son dos hijas distinguidas de Vietnam, sector que las recibió como heroínas. Desde ya son grandes referentes de esta localidad.