La Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional Eduardo Brito dejó atrás las luces de Santo Domingo para transformarse en el Chicago de los años 20 con el estreno de «Chicago: el musical», una producción de gran formato encabezada por José Llano en la producción y María Castillo en la dirección.
Con más de 50 artistas en escena, música en vivo y un elenco dominicano de primer nivel, el montaje apuesta por una experiencia teatral vibrante, cargada de humor, sensualidad, ambición y, sobre todo, una mirada mordaz hacia la obsesión por la fama.
Desde sus primeros compases «Chicago» atrapa al espectador. La escenografía, la iluminación y la música en vivo construyen una atmósfera que transporta directamente a los años 20, mientras las coreografías y los números musicales evocan desde la fantasía del Can Can francés hasta la estética arrabalera de una ciudad marcada por el crimen, el espectáculo y el sensacionalismo.
Uno de los grandes aciertos de esta puesta en escena está en su elenco. La fuerza vocal de los intérpretes, acompañada por la banda en vivo, se convierte en uno de los elementos más emocionantes del espectáculo. Cada número tiene una energía particular y consigue mantener la atención del público prácticamente sin descanso.
En el centro de la historia se encuentran Roxie Hart, interpretada por Karla Fatule, y Velma Kelly, a cargo de Robmariel Olea, dos mujeres que, desde lugares distintos, terminan unidas por una misma necesidad: mantenerse bajo los reflectores.
Ambas están dispuestas a hacer casi cualquier cosa para conseguir fama, y precisamente ahí reside una de las mayores riquezas de la obra. «Chicago» no presenta personajes completamente buenos o malos; son figuras moralmente grises, capaces de despertar simpatía, rechazo y hasta admiración en cuestión de minutos.
La historia utiliza el crimen y el escándalo como una maquinaria para hablar de algo mucho más grande: el poder del sensacionalismo. En este Chicago, la verdad parece importar menos que la noticia, y un asesinato puede convertirse en una oportunidad para alcanzar la celebridad.
Dentro de ese universo destaca Billy Flynn, interpretado por Javier Grullón, uno de los personajes más impactantes por su cinismo. Flynn comprende perfectamente cómo funciona el espectáculo y sabe convertir cualquier situación en una estrategia mediática. Su personaje representa con particular claridad esa frontera difusa entre la justicia, la manipulación y el entretenimiento.

El elenco se completa con Luis José Germán como Amos Hart, Laura Cadete como Mama Morton y Guille Martín como Fred Casely, quienes aportan distintas capas a una historia donde cada personaje parece tener algo que esconder y, al mismo tiempo, algo que ganar.
Más allá de sus canciones, bailes y momentos de espectacularidad, «Chicago» también consigue ser profundamente entretenida. Las ocurrencias de los personajes provocan risas constantes y alivian la tensión de una trama que gira alrededor del crimen y la ambición.
La obra sabe cuándo ser provocadora, cuándo resultar divertida y cuándo dejar al público frente a una reflexión incómoda.
Y es precisamente en su desenlace donde la historia adquiere una dimensión más humana. Detrás de toda la maquinaria de fama, titulares y aplausos aparece una idea sencilla: la celebridad puede ser efímera, pero los sentimientos genuinos tienen otro peso.
Roxie tiene a su lado a Amos, un hombre que puede parecer ingenuo e incluso «tonto» frente al mundo que ella persigue, pero cuyo amor por ella es real. Mientras Roxie busca desesperadamente la emoción, el reconocimiento y la diversión que ofrece la fama, Amos representa aquello que no necesita titulares para tener valor.
«Chicago: el musical» funciona así en varios niveles: es un espectáculo visualmente atractivo, una celebración del talento artístico dominicano y, al mismo tiempo, una sátira sobre una sociedad fascinada por el escándalo y la celebridad.
Con una producción sólida, música en vivo, una escenografía que potencia cada escena y un elenco que entrega fuerza y personalidad, el montaje consigue algo esencial en el teatro musical: entretener mientras deja una pregunta resonando después de que caen las luces.
La propuesta escénica estará disponible durante este fin de semana en la Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional Eduardo Brito, ofreciendo al público dominicano la oportunidad de adentrarse en una ciudad donde el crimen puede convertirse en espectáculo y la fama, en la moneda más peligrosa de todas. Las presentaciones serán viernes 18 y sábado 19 a las 8:30 de la noche y domingo 20 a las 7:00 de la noche.