Cuando hemos dicho en reiteradas ocasiones que en República Dominicana “no hay béisbol”, nos referimos a un fenómeno que transciende más allá de la propia industria de este deporte y que se ha extendido a todos los ámbitos de la actividad deportiva del país, teniendo un impacto en el orden social y, por supuesto, en el orden deportivo.
Hoy haremos un análisis de cómo esta epidemia ha infectado lo que debería ser una noble actividad física en beneficio de todo el país.
Lo que hemos dicho del béisbol que, a pesar de que RD es el país con más talento luego de Estados Unidos, es que en nuestro territorio es prácticamente inexistente como actividad formativa, recreativa y de manifestación cultural, contrario a lo era en el pasado. Creando una presión física y psicológica que escala a trabajo infantil y se divorcia de la esencia que debe tener el deporte en una etapa tan determinante como la niñez y la adolescencia, todo con el fin de alcanzar el gran sueño de llegar a Grandes Ligas.
Todo esto sucede bajo la mirada indiferente y el consumo mediático que genera la sensación de que el béisbol que se juega en la MLB pareciera ser el nuestro. Sin embargo, lo que se materializa en nuestro territorio es única y exclusivamente la captación de talento, al margen de la ley y en perjuicio del pan de la enseñanza.
Pero lo más desafiante es que, de igual forma, ocurre en el Movimiento Deportivo Dominicano: las instituciones deportivas deben navegar al margen de la escuela para producir talentos deportivos, en contradicción con la propia realidad material y económica. El único que posee la capacidad para la masificación y para llevar el deporte a cada rincón del país es el Estado, porque tiene bajo su control el sistema preuniversitario y universitario, es decir, el 30% de la población cautiva.
De igual manera, como ha sucedido en el béisbol, “donde la práctica, la formación y la recreación son precarias en toda la geografía nacional, ocurre lo mismo en todos los deportes. Esto refleja la réplica del fenómeno del béisbol en todas las actividades deportivas del país, que se han convertido en espacios únicos y exclusivos para captar talento en determinadas disciplinas, y privatizando el deporte.
Confundiendo el desarrollo con el talento
En nuestra sociedad, y en los poderes públicos, se confunde el talento con el desarrollo deportivo. Para comprender qué significa el desarrollo deportivo de una nación, debemos entender que este se logra cuando el deporte se estructura y se organiza de forma pedagógica y metodológica, con la cosmovisión de impactar el sistema educativo, mejorar los indicadores sociales, fortalecer la salud y producir la cultura física necesaria en todo el ciclo de vida del ser humano.
Este modelo educativo, donde el deporte juega un rol como herramienta para mejorar los indicadores educativos, se organiza en edades tempranas: primero como dinámicas de juegos, luego como actividades físicas. Posteriormente, se estructura un sistema deportivo desde la escuela, de conformidad con la edad biológica correspondiente, y se realizan las competiciones según la organización educativa y geográfica del país.
RD ha asumido el modelo del béisbol, donde las organizaciones deportivas, de manera aislada a la escuela, captan talentos sin ningún tipo de referencia, datos ni información. Esto genera una gran carencia en la iniciación y, además, niega el acceso y la participación a todos los niños.
Por tal motivo, se produce una discriminación a dimensiones elevadas: se niegan los espacios de participación, equidad e igualdad que deben tener todos los niños al acceder a la práctica deportiva para desarrollar hábitos saludables y la cultura física necesaria en todo el ciclo de vida.
Mientras nuestra nación siga confundiendo el desarrollo deportivo con el talento, que es lo que poseemos los dominicanos, no encontraremos el camino hacia el desarrollo social y económico que necesita nuestro país. Solo será posible cuando el deporte funcione como una ciencia para el desarrollo humano desde la escuela.