Cientos de miles de personas se unieron el jueves en marchas de protesta en París y otros lugares de Francia, en demanda de salarios más altos y en apoyo al movimiento de protesta estudiantil del país, lo que añade una nueva presión sobre el atribulado gobierno francés.
El Ministerio del Interior de Francia indicó que más de 600,000 personas salieron a las calles, y el CGT, uno de los principales sindicatos de Francia, afirmó que casi 1,6 millones de personas participaron en más de 200 manifestaciones en todo el país. Las cifras superan las reportadas el 17 de octubre, cuando las protestas se vieron empañadas por escenas de disturbios y saqueos.
La marcha de París transcurrió pacíficamente, con estudiantes, trabajadores y jubilados que se sumaron. Algunos jóvenes manifestantes portaban carteles que decían: “Las desigualdades ponen seriamente en peligro nuestro futuro” y “No podemos pasar toda la vida solo tratando de ganarnos la vida”.
El CGT, que estimó que 350,000 marcharon en París, destacó que la participación marcó una nueva etapa en la movilización y prometió “continuar su lucha durante el tiempo que sea necesario para obligar al gobierno y a los empleadores a ceder a sus demandas”.
Alrededor de un tercio de las escuelas secundarias de Francia estaban cerradas o no podían operar, algunas por los bloqueos de estudiantes y otras porque los docentes se sumaron a la huelga. El transporte público sufrió interrupciones en algunas zonas. La Torre Eiffel también estaba cerrada.
La policía está preparada, pero estallan tensiones esporádicas
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, dijo que se desplegaron 70,000 policías, respaldados por vehículos blindados, drones y helicópteros. La policía ha sido criticada por herir a manifestantes con tácticas de fuerza bruta.
Las autoridades de la región occidental de Bretaña indicaron el jueves que “individuos enmascarados” intentaron cortar carreteras en la ciudad de Rennes. Añadieron que jóvenes, a menudo acompañados por adultos, cometieron “graves actos de violencia”, como el lanzamiento de bolas de acero a la policía.
Las autoridades también reportaron tensiones, forcejeos y otros incidentes en las ciudades de Lyon, Nantes, Pau, Orléans, Rennes y Toulouse.
Las grandes protestas recurrentes de las últimas semanas se han visto empañadas por la violencia, que las autoridades atribuyeron a radicales de extrema izquierda enmascarados que buscan incitar una insurrección y a otros decididos a saquear.
Sindicatos quieren lanzar advertencia
Los principales sindicatos de Francia advirtieron que el país está al borde de una recesión y que los planes de despidos se multiplica. “El combustible, los alimentos, el alquiler, el gas, la electricidad… todo sube excepto los salarios y las pensiones”, manifestaron en un comunicado conjunto.
Francia está sumida en la deuda y tiene uno de los peores desempeños económicos de Europa, junto con Italia y Bélgica.
“Necesitamos dar a todos y cada uno de los niños aquí en este país un futuro adecuado”, sostuvo Garance Blaise, una estudiante universitaria de 21 años que participaba en la marcha de París.
“Se trata de la forma en que no sabemos si conseguiremos un trabajo o no. Y nuestros padres lo saben y están de acuerdo con nosotros y ellos también tienen cosas que exigir”, añadió. “Así que creo que el movimiento ya es global, ya está en toda Europa y no son sólo estudiantes, es toda la población”.
Corinne Cucchini, del Sindicato Federal de Salud Privada, se unió a la protesta de París para denunciar la “falta de personal y la falta de equipo” en el hospital privado de París donde trabaja. “Nuestras demandas se centran en aumentar los salarios y las condiciones de trabajo”, explicó.
Fabien Villedieu, secretario nacional del sindicato SUD-Rail, arremetió contra el gobierno centrista del presidente Emmanuel Macron y la compañía ferroviaria nacional, SNCF.
“Cuando el gobierno no es razonable, cuando el jefe de la SNCF no es razonable… simplemente hacemos lo que siempre hemos hecho en Francia, que es ir a la huelga”, declaró en la estación Gare de Lyon en París.
Antes de la huelga, el gobierno había estado negociando con los sindicatos —un escenario habitual en la política francesa— con la esperanza de limitar el movimiento de protesta, que ha derivado en el peor malestar civil violento en Francia en años.
Protestas entran a la campaña electoral
El movimiento surgió en septiembre a partir de una protesta por la falta de personal en una escuela secundaria al sureste de París y se extendió a nivel nacional. Atrajo a estudiantes que exigen más financiamiento para la educación y luego se amplió a trabajadores que buscan mejores pensiones y ayuda ante el aumento vertiginoso del combustible y otros costos.
Las protestas del jueves se producen al tiempo que se intensifica la campaña electoral para reemplazar a Macron como presidente el próximo mayo, y los líderes políticos han estado sacando provecho del movimiento. De acuerdo con la Constitución, Macron no puede optar a un tercer mandato presidencial consecutivo. La candidata de ultraderecha Marine Le Pen es la favorita para ganar.
Algunos de los candidatos participaron en la marcha de París, incluido el veterano agitador de extrema izquierda Jean-Luc Mélenchon, la líder ecologista Marine Tondelier y Raphaël Glucksmann, que representa a la izquierda moderada.
“Hay una sensación de frustración absoluta ante el fracaso del gobierno para funcionar”, destacó Paul Smith, profesor asociado de Historia y Política francesa en la Universidad de Nottingham, en Inglaterra. “Quienquiera que gane la elección presidencial va a tener una pila de problemas que afrontar”.
“Es muy difícil ver exactamente hacia dónde van las cosas”, señaló.