Vestida de blanco llegó a la Redacción de este periódico. Estaba muy bien arreglada y se veía muy segura de sí. Era casi imposible pensar que esa mujer alta y esbelta dejaría que con un chasquido de dedos la sensibilidad se apoderara de ella. Bastó con mencionarle a la oncóloga Mirna Santiago la palabra clave: cáncer, para que de inmediato le diera riendas sueltas a sus emociones.
Era necesario llevarla al paso. La conversación apenas comenzaba y ya sus ojos brillaban por las lágrimas que se asomaban. ¿Qué la llevó a especializarse en Oncología? Su respuesta hizo justicia a su empatía.
“Cambiarle la cara al diagnóstico de cáncer. También veía que la necesidad de servicio era inmensa, sin cobertura para entonces, y por si fuera poco, el tema era casi vedado”. Quería cambiar esa realidad.

No se ha arrepentido de escoger este camino. En la fortaleza de sus pacientes encuentra también la suya. “Cada vez que veo que, aunque ya la ciencia no tiene nada que ofrecerle a una persona, ésta sigue adelante y confiada en que puede estar mejor, yo me siento tan bien, tan reconfortada por su valentía”. En esta ocasión se mezcla la sensibilidad con la satisfacción.
Para edificar esta cita, trajo a colación un testimonio. “Tuve un paciente con cáncer de páncreas. Su condición era muy delicada, según la ciencia, le quedaban algunos cinco meses de vida. Su actitud, su fe, y su confianza en que podía seguir luchando le extendieron ese tiempo. Duró más de tres años”. Enfocar su trabajo en la educación y en el empoderamiento de sus pacientes ha surtido efecto.
La doctora Mirna no puede darse el lujo de rendirse ante los tantos casos de persona con cáncer que llegan a su consultorio. No le queda de otra que seguir batallando para apoyarlos de principio a fin. Ellos son su mejor ejemplo.
“Si ellos, que atraviesan por una prueba tan fuerte, no dejan de luchar, menos debo hacerlo yo que estoy para apoyarlos y acompañarlos en el camino”. Es empática y esto tiene una explicación.
“Se dio lo que temía”
Al parecer, todo lo que tiene que ver con la salud es de interés para esta especialista que no se deja vencer ni por las dificultades de sus pacientes ni por la realidad de un sistema al que le falta mucho.
Sin embargo, había que preguntarle por sus debilidades antes de vivirlas en carne propia al escoger esta carrera. No tardó en responder.
“Temía que alguien de mi familia se enfrentara al cáncer. Era algo fuerte lo que sentía. Y me tocó verlo. Mis padres han tenido que luchar contra él. Mi papá de vejiga, y mi madre, con la leucemia”. Si se entristece al hablar de personas que no conoce, no hay que decir cómo se puso en ese momento.
A su favor tuvo la suerte de ver a sus padres enfrentar la enfermedad con valentía. Su experiencia la ha llevado a priorizar la prevención y el tratamiento del cáncer en sus diversas manifestaciones, entendiendo que cada caso es único y requiere un abordaje personalizado. Siempre trata de brindar esperanza y atención de calidad a cada uno de sus pacientes.
Saber ponerse en los zapatos de los demás es lo que hoy la lleva a decir que para ella sus pacientes son como familia. Llora sus penas y celebra sus alegrías. Tanto es así que, cuando alguno pierde la batalla, vive su duelo.
“Los médicos también sufrimos cuando se nos van. Sabemos que tenemos que reponernos para seguir con los que nos necesitan, pero no es fácil”. Las lágrimas testifican lo dicho.
Otro aspecto que conmueve a esta oncóloga que se mantiene firme en su decisión de aportar para que se humanicen más los servicios a los pacientes de Oncología, es la realidad de República Dominicana.
“Ellos no sólo deben enfrentar la enfermedad. También tienen que lidiar con el alto costo, con sus emociones, con todo lo que le rodea…”. Por eso cree en que debe tratarse el contexto completo del paciente para que no se rinda.
“La calidad de vida del ser humano está por encima de los protocolos médicos”

A la oncóloga Mirna Santiago, LISTÍN DIARIO la contactó para conocer su historia porque, además de dedicarse a dar vida a través de lo que hace, ha visibilizado la necesidad de que el cáncer no se vea como una enfermedad del otro mundo. Qué mejor momento para tratar el tema que en octubre, Mes de la Concienciación y Lucha Contra el Cáncer.
“Quiero que la gente sepa que el cáncer se cura. Hay herramientas que ayudan. Es cuestión de que se reciba un diagnóstico temprano y que se pueda acceder al tratamiento oportuno. Lo que se hace ahora por estos pacientes, no es lo que se hacía años atrás, pues en estos momentos la gente tiene más consciencia de lo importante que es la prevención y buscar ayudar temprana”. Le endosa el crédito de esta esperanza de vida a que el país cuenta con muy buenos especialistas y equipos. Claro, todavía falta mucho.
Desde el inicio de su carrera ha estado comprometida con el bienestar de sus pacientes y sus familiares. Ese punto de partida la lleva a mantener la humanización del servicio. La cantidad de casos que ha atendido a lo largo de su trayectoria, no la han hecho más fuerte, aunque sí más consciente de lo que es mejor para la persona.
“A veces hay que saltar el protocolo porque la persona está por encima de todo, y la calidad de vida que puedas ofrecerle, al final es lo que cuenta”. Se hace responsable de su manejo.
El testimonio de uno de los casos que ha tratado, pone de manifiesto que para esta mujer de armas tomar en la medicina, el ser humano está por encima de todo.
“Teníamos a un señor que padecía de un tumor en un hombro. Era imposible operar y quitarlo porque ya le había hecho metástasis, y no estaba en condiciones para que se le extirpara la masa. Yo conversé con él y le dije que la única forma era si se le amputaba el brazo. Él consciente de su condición, aceptó. Tal vez no se le pudo salvar la vida, pero sí se le quitó el peso y la incomodidad que esto le producía”. Al ofrecer esta información, domina las lágrima, pero no la expresión de un rostro que revelaba la tristeza provocada.
Como madre y esposa

Un punto conmovedor en la historia de Mirna Santiago es la culpa que a veces siente por quitarle tiempo a sus dos hijos y a su esposo para dedicarlo a pacientes que demandan de ella, más que atención médica. Lo habla y, a punto de llorar explica:
“Es que no es fácil tú saber que esa persona necesita de tu apoyo y que tú ignores su realidad”. Prefiere contarles a su familia el por qué no pudo llegar temprano o asistir a alguna actividad. Lo compensa dando calidad de tiempo.
Es muy familiar. De hecho, sus dotes de buena doctora al parecer las tiene desde niña. “Recuerdo que si mi papá se caía o le dolía algo, por ejemplo, yo era que lo curaba y que lo atendía hasta que estuviera bien”. Así nació su amor por una carrera que la ha involucrado no sólo con sus parientes, sino con sus pacientes.
Esto sucede al tal punto que, a veces llega a su casa con aguacates, frutas, víveres y hasta con chivos vivos que les llevan al consultorio en señal de agradecimiento. Al contar sobre este testimonio de amor, se ríe, pero lo hace con gran respeto y admiración hacia esa forma genuina que tiene el dominicano de mostrar gratitud.
Especialiadades

Como cirujana oncóloga, su trabajo se centra en la extirpación de tumores cancerígenos de diversas partes del cuerpo. Está especializada en el diagnóstico y tratamiento de tumores que afectan áreas tan delicadas como la cavidad oral, la garganta, la laringe, la glándula tiroides y las glándulas salivares.
Es mastóloga, a través de la cual cuida la salud mamaria de sus pacientes. Su enfoque incluye tanto la prevención como el diagnóstico temprano y el tratamiento de enfermedades, incluyendo el cáncer de mama.
“Mi objetivo es tratar la enfermedad preservando la función de las estructuras afectadas, ayudando a mis pacientes a mantener su calidad de vida”. Ella los ayuda a no rendirse y ellos, con su actitud, le permiten a ella no dejarse vencer.