Entre el bullicio de la ciudad, paredes centenarias y una estructura que hasta hace más de 20 años era una discoteca, decenas de mujeres sobrevivientes de violencia encuentran apoyo y refugio en su proceso judicial.
Con 19 años al servicio de las féminas, el Centro de Atención a Sobrevivientes de Violencia (CASV) ubicado en la Ciudad Colonial les ha abierto las puertas de la justicia a 9,674 mujeres, que han denunciado ante las fiscalías del Distrito Nacional ser víctimas de violencia de pareja y delitos sexuales.
Único en su categoría a nivel nacional, el centro opera bajo la sombrilla del Ministerio Público y está orientado al acceso correcto de las mujeres que residen en el Distrito Nacional a la justicia, a su recuperación emocional, a lograr independencia económica y a fortalecer su seguridad y protección.

“Las mujeres que viven en el Distrito Nacional o que sufren delito de violencia en el Distrito Nacional van y ponen una denuncia y en el mismo momento en que ponen la denuncia se les hace una evaluación forense”, describió Solange Alvarado Espaillat, encargada del centro, sobre el proceso de integración de las mujeres a los distintos programas.
Las mujeres son evaluadas en la fiscalía a través del informe forense y de acuerdo a la puntuación, se determina su ingreso al centro y los programas adecuados, conforme a la complejidad de su caso.
“Si el daño en esa evaluación forense es de moderado a grave, desde ese mismo momento se hace una llamada desde la fiscalía y se refiere a la mujer a terapia individual y se le pone una cita y la mujer se va de la fiscalía con esa fecha”, explicó la también psicóloga y terapeuta familiar.
En cambio, cuando el daño es leve, la terapia que recibe esa sobreviviente es grupal, en formato abierto, donde la misión principal de este encuentro que realizan cada semana es romper el silencio y que las mujeres se den cuenta de que no están solas y puedan ver cómo los agresores tienen el mismo discurso y patrón.
Los programas contemplan, además, terapias psico-corporales y artísticas, entre estas biodanza, yoga, escritura creativa, pintura, canto y música.

“Cuando nosotros comenzamos, tenía la intuición de que el arte sanaba, pero con el paso de los años y con el desarrollo de las neurociencias ya lo tenemos confirmado”, manifestó Alvarado sobre la efectividad de estas expresiones creativas cuando las palabras no son suficientes para describir el trauma generado por la violencia.
Trabajo social
Con la ruptura de vínculos con el agresor, se desatan para la mujer otras situaciones, entre estas, el aspecto socioeconómico, cuando depende en cierta medida de esa pareja o tiene hijos menores bajo su responsabilidad.
En estos casos, además de la terapia emocional y psicológica, las sobrevivientes necesitan otras herramientas para poder romper el círculo de la violencia y valerse por sí mismas, lo que el centro suple a través del área de trabajo social.
“Muchas de ellas no trabajan porque han estado todo el tiempo a cargo de la familia, del cuidado, cosa que económicamente no es valorada”, expresó Lida González, trabajadora social del centro.
González explicó que, a través de talleres, les brindan herramientas para que puedan crear un emprendimiento, optimizar sus hojas de vida e insertarse en el mundo laboral y generar activos tangibles.
“Es un engaño creer que las mujeres están ahí dependiendo 100% de las personas. Todas las mujeres de una u otra forma buscan la manera de generar recursos. ¿Por qué? Porque muchas de las violencias que ellas viven son económicas; entonces, tienen recursos limitados, tienen que buscar cómo esa cuenta alcanza. Cuando nosotros hablamos con ellas, nos damos cuenta de que tienen muchas formas de procesar ese dinero; lo que pasa es que no está tan organizado, no saben realizar un presupuesto, ahí es donde entra el área de trabajo social, en esa capacitación económica”, subrayó.
Además de esta capacitación económica, el centro gestiona préstamos a través del Banco Adopem una vez las mujeres están listas para emprender, desembolsando desde el 2007 hasta abril de este año RD$ 9,605,700.00.
Fomentan en las mujeres el hábito del ahorro, para que estos ingresos generados a través de emprendimientos o salarios, no solo lo inviertan en necesidades.
El área de trabajo social también gestiona, para las mujeres, el acceso de sus hijos a las escuelas públicas, a fin de garantizarles su cuidado mientras ellas pueden desarrollarse y evitar que la falta de recursos las orille a retirar la denuncia y volver con su agresor.
“Lo ideal es que todas las instituciones puedan alinearse y trabajen en función de una sola mirada que es alivianar la carga, porque por eso es que ella va y quita la denuncia, porque entonces ¿qué pasa? Mis hijos dependen de mi cuidado y de mí física, emocional, mental y económicamente en todas las áreas”, señaló.
El centro gestiona becas para las sobrevivientes, quienes en ocasiones no pueden aceptarlas y son delegadas a sus hijas en edad universitaria, lo que valoran como una herramienta a esa joven para evitar repetir en el círculo de la violencia, patrones y que tengan un proyecto de vida con nuevas metas y una visión más clara para su futuro, convirtiéndose también en generadoras de recursos y sinónimo de motivación para sus madres abandonar a su agresor.
Seguimiento judicial
De forma virtual y presencial, a través del Servicio Nacional de Representación Legal de los Derechos de la Víctima (Relevic), una vez al mes el centro recibe la visita de una abogada del Ministerio Público, quien de manera individual y personalizada revisa cada expediente y orienta a las mujeres sobre los pasos e instancias a las que deben ir para dar curso a su caso.
Las orientan tanto en materia civil, desde poner una pensión alimenticia, separación de bienes y regímenes de visitas, hasta los casos de materia penal, consideradas entre estas las agresiones.
Solange Alvarado destacó que urgen políticas públicas enfocadas en la prevención y seguimiento de los casos de violencia, por ejemplo, más trabajadoras sociales que acompañen a las mujeres tras la denuncia en la identificación de necesidades como empleo o techo y así evitar que vuelvan con su agresor que, en muchas ocasiones, es también su proveedor.

Aunado a esto, que se cumplan las ya existentes en hospitales y centros de atención primaria cuando las mujeres asisten por golpes en lugares confusos y con explicaciones vagas, que esto sea reportado a la policía y se le dé seguimiento.
Prevenir con orientación desde las escuelas, iglesias y juntas de vecinos es otra de las alternativas propuestas por la terapeuta para evitar casos de violencia desde la primera infancia y promover que la comunidad tenga menos tolerancia a las agresiones.
“Las políticas públicas que se han creado son después de que el delito se ha cometido y lo que tenemos que hacer es antes”, advirtió, a la vez que deploró que estas situaciones sean normalizadas culturalmente.