Por: José Alberto Estévez
Con los años aprendemos,
y a veces no reconocemos
que la labor del padre
pinta ser villano y es el bueno.
El padre sufre en silencio,
se trasnocha muchas veces,
solo pensando en el sustento
para los que ahora crecen.
Como dice un viejo dicho:
padre se hace haciendo,
aunque ahora solo se piensa
que engendrando estás cumpliendo.
Yo no tuve el mejor padre,
porque no fue apoyador;
pero al entender su labor,
era el mejor que existiera.
Presente con su presencia,
presente con el sustento,
y presente, muy atento,
fue con nuestra adolescencia.
Se me hizo largo el escrito,
aunque corto no podía ser,
porque ahora hablo del ser
que más ejemplo debe ejercer.
No quiero irme sin decir:
gracias por existir.
Y reconozco tu labor,
aunque con algo de dolor.
Porque celebro sin ti,
pero contigo aprendí
que el amigo verdadero
es el que siempre está ahí.
Dando consejos sin fin,
y aunque a veces parabólicos,
no hay que ser teóricos
para entender esta vida.
Dios bendiga desde arriba
a los que ejercen con empeño,
y a los que guardan sus sueños
por sustentar su familia.
Y tengan siempre presente
que los padres no se olvidan.