Definitivamente, ganar en casa tiene un sabor distinto.
Los judocas Ana Rosa, Esmeralda Damiano y Robert Florentino saborearán por mucho tiempo la iniguable sensación de haber conquistado ante su gente la medalla de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Los tres combatieron con el corazón en cada agarre, transformando la presión de la localía en una energía arrolladora. Escuchar el himno nacional con la medalla dorada sobre el pecho y ver a su familia celebrando en la tribuna convirtió su victoria en una emoción pura e inolvidable.
Rosa, una francomacorisana que obtuvo la presea dorada en los Juegos Panamericanos de Lima hace tres años, describe el momento que acaba de vivir como inigualable.
A ello se suma el hecho de que dio al país la primera presea de oro, recibiendo una llamada del presidente Luis Abinader cuando aún el sudor de su iluminado rostro caía sobre el tatami.
“Me siento orgullosa de haber ganado mi primer oro centroamericano aquí”, destacó la atleta de 28 años, quien en “San Salvador 2023” ganó bronce en individual y plata por equipo.
“Este triunfo lo comparto con mi familia, que siempre ha estado ahí en los momentos difíciles. También con mis entrenadores, con mi federación (Dominicana de Judo) y con el pueblo dominicano”, subrayó la atleta de 28 años, quien en la final de la categoría 57 kilogramos a la colombiana María Villalba.
Florentino, de San Juan de la Maguana, resaltó que varios minibuses vinieron repletos de personas para presenciar el combate final de la división 90 kilos que protagonizó con Derik Rodríguez, de Puerto Rico.
“El barrio completo estuvo ahí. Mis amigos de infancia, los motoconcheros…todos, todos estuvieron ahí apoyándome”, declaró Florentino, de 29 años, quien como Rosa tiene varios años residiendo en España, donde tienen mejores condiciones para seguir ascendiendo en el rudo deporte.
“Yo no sabía que ellos venían, pero el trabajo de preparación estaba hecho. No tuve presión. Nada de nervios, al contrario eso me dio más fuerzas”, enfatizó.
Para Damiano, que tiene las nacionalidades de Suiza, Italia y República Dominicana, estos fueron sus primeros centroamericanos y debutó por todo lo alto. En la final venció ampliamente (11-1) a la venezolana Eliana Aguilar.
Ella demostró garras. Su triunfo no solo consagró años de sacrificio, sino que desató una explosión de júbilo colectivo. Cada proyección suya fue empujada por el aliento de un público que la hizo sentir invencible en la tierra por la que decidió competir.
“Lo mío es prácticamente dejar mi vida atrás, de Suiza, porque yo nací y viví 22 años ahí. Ahora es que tengo un año y medio residiendo aquí”, declaró Damiano, quien se ha aplatanado de tal forma al cambio radical que supone venir de uno de los países más organizados del mundo, que disfrutó la primera vez que abordó una guagua voladora.
“Para la gente de aquí es algo terrible, pero para mí fue divertido”, indicó sonriente la judoca de 23 años, hija de la dominicana Ramona Guerrero y del italiano Silvio Damiano.
Para estos tres atletas, el oro de Santo Domingo 2026 no es solo un metal precioso, es el abrazo cálido de su pueblo, la recompensa al trabajo incansable y el orgullo eterno de haber hecho respetar la casa con la frente en alto.