Si el presidente es el mejor promotor y defensor de su gobierno; si, desde aquellos apagones de junio de 2025 con blackout incluido, los números electorales ya no cuadran tan bien y la ventaja del PRM sobre los dos PLD es cada vez menor, es normal que —de nuevo— el mandatario se haya lanzado al ruedo de la comunicación desde el Palacio en búsqueda de la atención. Hoy, el político que pierde la atención (y el gobierno la estaba perdiendo) es como un viajero que perdió el tren, como un bar sin copas con la vellonera rota. Por eso: “Aló Presidente”, “Las mañaneras”, “LA Semanal” y ahora “LA Agenda”.
Uno se enteró de que el presidente tenía claras estas cosas en septiembre de 2020, pero ha sido seis años después cuando la realidad mediática ha venido a confirmarlo. Hoy el poder no está en la información, en los medios ni en el conocimiento en sí, sino en la atención. Por eso Abinader no se detiene y “rinde más que una sopa de pobres”; por eso con frecuencia se mata sus propias noticias con una nueva.
Quien controla la atención tiene el poder, porque ella define la agenda, impone el diálogo social, crea identidad y sentido de pertenencia, algo que vale oro en este siglo XXI de huérfanos afectivos, huérfanos de la soledad y el aislamiento social.
Con LA Agenda, el presidente supera los excesos que diluyeron LA Semanal. Se aprendió del error. En esta versión —y así debió haber sido siempre— solo se responderán preguntas sobre el tema anunciado, lo que permitirá alejar el fantasma de la pifia o la imprecisión en el diálogo.
Al presidente se le solicita —y no por corporativismo profesional, sino por la transparencia y accesibilidad que le ha caracterizado— que nunca falten en LA Agenda los periodistas que cubren la fuente del Palacio Nacional. Los demás seremos invitados ocasionales o no seremos. Pero una rueda informativa sin la prensa que cubre la fuente sería como un sancocho sin carnes, un mar sin azules o un poeta sin un amor impertinente. ¡Hágame caso, presidente!*
El gobierno actual y los partidos que aspiran a serlo deben entender que ya, más que administrar planteamientos técnicos o ideológicos, los políticos administran la atención de los ciudadanos; pero, claro, primero deben tenerla.
*Recuerde las edades que puede tener un hombre, presidente. (Quinientos pesos no es dinero).