En diciembre de 2022 escribí que la fórmula de innovación local estaba estancada porque el enfoque de las autoridades desde 2012 había sido fortalecer el aparato estatal y continuar las inversiones en infraestructura. Como resultado, la República Dominicana produce menos resultados de innovación en relación con el nivel de inversiones ejecutadas. Cuatro años después, dos informes confirman aquella frase con números. El Global Innovation Index 2026 nos deja en el puesto 99 de 139 economías, con 23 posiciones de distancia entre lo que el país pone en innovación y lo que saca. El ILIA nos coloca décimos entre 20, con 46 puntos de distancia entre gobernanza e investigación.
En el GII, entre 2024 y 2026 los insumos de innovación subieron del puesto 94 al 87 y los resultados bajaron del 99 al 110. Recibimos más y producimos menos. Los artículos científicos por unidad de PIB están en el puesto 138 de 139. Para muestra un botón, el país tiene 20 investigadores a tiempo completo por millón de habitantes según datos de 2022, ya que después se dejó de reportar ese dato. Cuando un país deja de medirse, otros hacen la estimación. Lo menciono porque aquí el que se para, retrocede.
El ILIA indica que República Dominicana tiene 73.2 puntos en gobernanza y 27.1 en investigación, desarrollo y uso, y 45.1 de puntaje general, apenas sobre el promedio regional, tras ser séptimos en 2024 y novenos en 2025. La Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial de 2023 abrió el debate, asignó responsables y firmó compromisos internacionales. Tres años después sigue sin partida presupuestaria, pero la comunicación está pautada para hacernos pensar que se invierte en las personas. En la región, solo Brasil y Colombia asignan recursos específicos a su estrategia.
¿Qué conecta las dos brechas? Solo mejora un pilar del GII, la sofisticación empresarial, que subió del puesto 87 al 76 en un año. Tabuga Intelligence señala que el país gasta más de US$300 millones al año en inteligencia artificial y solo invierte unos US$10 millones en desarrollarla. Cada día el mercado y los negocios se están sofisticando, pero nuestro talento y la investigación continúan rezagados. Lo que la empresa devuelve en resultados bajó 8 puestos en el mismo año en que la absorción subió 11. El país es un motor con una sola pieza en movimiento. ¿Conclusión? Mucho movimiento, poca producción.
La base existe. El 91% de los hogares tiene acceso a Internet. La banda ancha fija cuesta el 1.9% del ingreso mensual per cápita. Nuestra comunidad de desarrolladores figura entre las fortalezas regionales. El ILIA indica que el 27.6% de las grandes empresas latinoamericanas usan inteligencia artificial, pero solo el 6.8% de las pequeñas, que son la mayoría del sector productivo dominicano.
En 2024 escribí que la innovación está en peligro por la repetición de la misma fórmula de desarrollo, y que su uso como capital político se refleja en iniciativas que incluyen los mismos actores, las mismas instituciones y los mismos receptores de recursos. CiudadanIA, ejecutado de forma directa por el Estado en lugar de licitarlo a empresas locales, fue el caso de 2025 y lo describí como un equilibrio de Nash no cooperativo. Los recursos de la innovación deben fluir hacia todos los ejes para habilitar un verdadero ecosistema. Eso pasa por una estrategia de IA con presupuesto identificable y evaluable, un fondo concursable de investigación aplicada con cofinanciamiento privado y compras públicas que exijan transferencia de conocimiento. En la edición de 2027 deberíamos poder identificar cuánto se invirtió, cuántos proyectos de investigación aplicada se ejecutaron y qué capacidades técnicas se quedaron en el país.
La innovación es para todos.