Durante la infancia, la reputación que se forja en los primeros años de escuela no necesariamente funciona como un termómetro de lo que será la vida adulta o profesional.
La historia del dominicano Edward Virgilio Feliz Pérez, de 37 años, es muestra de ello: en su niñez era descrito como desobediente, indisciplinado y malcriado.
Con el paso del tiempo, sin embargo, aquel niño inquieto se transformó en un cirujano maxilofacial exitoso, reconocido en su entorno por una energía inagotable para servir a los demás.
Así lo relató en una entrevista concedida a Listín Diario el odontólogo, quien además se desempeña como docente universitario en una de las asignaturas más complejas de la carrera de Odontología: Anestesiología, que imparte en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y en el Hospital Traumatológico Darío Contreras.

“Los profesores les decían a mis padres que yo no me callaba y que siempre salía con un chistecito en medio de un momento serio durante las clases”, reveló Feliz.
El doctor indicó que no fueron una ni dos las veces que tuvo materias en recuperación; no obstante, nunca llegó a repetir un curso.
A medida que crecía, explicó, fue adquiriendo la madurez necesaria para encauzar su vida sin perder su esencia.
En ese proceso, su padre —también médico— desempeñó un papel fundamental. Sus acciones y su amor por el servicio y la ayuda a los demás le permitieron ver la vida desde otra perspectiva.
“Mi padre tenía un consultorio en Barahona, en Cabral, y yo veía cómo se desprendía de su tiempo de ocio para atender a cada uno de sus pacientes con todo el amor y la entrega del mundo”, expresó.
El joven destacó que su progenitor, el médico pediatra Edinson Rafael Féliz, conocido como Fellito, fue inspiración no solo para él, sino también para sus otros tres hermanos, quienes comparten el amor por la medicina: dos son médicos y una es odontóloga.
En su faceta como docente universitario, subrayó que, contrario a lo que muchos podrían pensar, es un maestro exigente que procura adaptarse a la forma de aprendizaje de cada estudiante para garantizar la comprensión de las lecciones.
“La educación te obliga a entender algo de una única forma. Sin embargo, yo trato siempre de buscar formas y métodos de aprendizaje para mis estudiantes”, afirmó.
A lo largo de su trayectoria, ha acumulado vasta experiencia en hospitales, tanto en su rol de odontólogo cirujano maxilofacial como en el de profesor.
Señaló que se trata de una profesión que exige vocación de servicio de manera indiscutible y advirtió que quienes la eligen únicamente por razones económicas podrían no valorar la verdadera dimensión del llamado.
Respecto a sus mentores en los hospitales, sostuvo que varios de sus maestros le enseñaron el valor de brindar una atención integral al paciente, no limitada al momento de la consulta, sino basada en la disposición permanente de servir ante cualquier necesidad.
Quería ser pediatra
En otro momento, Feliz confesó que su sueño inicial era convertirse en pediatra. La vida, sin embargo, lo condujo a la Odontología y posteriormente a especializarse en cirugía maxilofacial.
Con el tiempo, terminaría trabajando con niños con labios fisurados, una experiencia que, de alguna manera, le permitió sentirse realizado al poder ayudar a pequeños con diferentes patologías.
Asimismo, recordó que, de no haber logrado su meta de ser cirujano, contemplaba como alternativa estudiar Economía, carrera afín a la profesión de su madre, quien es contadora.
“Un consejo que yo pudiera dar a los jóvenes es que elijan algo que realmente les apasione, sin miedo al tiempo que pueda tomar o a si van a fallar, porque si fallan al menos tendrán la experiencia y estarán más adelante de cuando empezaron”, concluyó.
Ha sido reconocido en múltiples ocasiones por su destacada labor docente en el Hospital Darío Contreras. Asimismo, fue distinguido como ‘Maestro Estrella’ por la primera promoción de la Especialidad de Odontología Legal y Forense de la UASD, así como por sus propios estudiantes.