Mientras los boletines oficiales aseguran una asistencia total, el panorama en la avenida Monumental de Los Girasoles y el sector Tanque Azul en Hato Nuevo cuenta una historia muy distinta: pérdidas totales y un profundo sentimiento de abandono.
Tras las intensas lluvias que afectaron a varias zonas de Santo Domingo Oeste, residentes la avenida monumental en Los Girasoles y en la zona de Hato Nuevo, de Manoguayabo, específicamente en el sector Tanque Azul, hoy enfrentan pérdidas totales y denuncian la falta de asistencia, pese a afirmaciones oficiales de que los afectados han recibido apoyo.
Las recientes lluvias han dejado a la vista una realidad desesperante donde decenas de familias enfrentan pérdidas totales y un sentimiento que al día de hoy es común entre todos ellos: el abandono.
En Los Girasoles, específicamente en el sector Palma Real, la inseguridad se une con el cansancio. Verónica Valdez, residente de la zona, describe una situación inexplicable tras el desborde de una cañada.
“Nosotros esperamos que primeramente nos arreglen la parada del cementerio y que nos arreglen la cañada, porque tiene mucho que no la limpian. Imagínate tú, nosotros estamos alerta porque el agua va a seguir, y nosotros perdimos todo completamente, los niños perdieron sus útiles escolares, sus uniformes, todo”, expresó.
La contaminación del agua convierte esta problemática en una mucho peor. “Lo poco que pudimos salvar está contaminado y lleno de agua. Nos quedamos totalmente sin nada”, agregó, al tiempo que hizo un llamado directo al presidente Luis Abinader para que acuda en auxilio de las familias afectadas.
Según relató, el único apoyo que han recibido hasta el momento ha sido por parte del Plan de Asistencia Social de la Presidencia (PASP), que distribuyó fundas de alimentos en algunas viviendas, una ayuda que agradecen mucho pero que consideran insuficiente frente a la magnitud de las pérdidas.
Pequeños comerciantes
Las aguas contaminadas también golpearon con fuerza a los pequeños comerciantes. En colmados de la zona, productos esenciales como arroz, embutidos, enlatados, pasta dental, especias y bebidas fueron arrastrados por las aguas.
Francisco Cruseta, propietario del colmado Polo, narró conmovido cómo enfrenta la situación.
“Mira, yo no lloré a chepa’ porque un amigo mío me llamó y me dijo: te voy a mandar un saco de arroz y un saco de azúcar y me lo pagas cuando tú puedas. Yo tenía deseos de llorar. Lo poco que me quedó lo tengo encaramado”.
A pleno sol, y frente a sus viviendas, varias familias intentaban rescatar lo poco que les quedó. Ropas tendidas sobre verjas, algunas prendas aún manchadas por el lodo, evidenciaban la fuerza con la que el agua irrumpió sin permiso en sus hogares.
En los pasillos, los trastes y utensilios de cocina eran colocados al aire libre con la esperanza de poder reutilizarlos. Calderos, platos, cubetas y hasta colchones permanecían recogidos, en un intento por secarlos y limpiarlos.
La escena se repetía casa por casa, familias reorganizando su vida desde fuera, mientras el interior de sus viviendas aún guarda las marcas de hasta donde llegó la inundación.
Mientras tanto, en el sector Tanque Azul, la situación parecía ser igual o quizás peor.
Ropas mojadas apiladas y tiradas en las calles, colchones empapados escurriéndose en las esquinas, baños destruidos y muebles improvisadamente cubiertos para proteger lo poco que queda.
Los Habitantes del sector denunciaron que no han recibido ningún tipo de ayuda contradiciendo por segunda vez las declaraciones oficiales que aseguraron que los afectados están siendo asistidos.
Ante el anuncio de que las lluvias seguirán en las próximas 48 horas, el temor vuelve a instalarse en estas comunidades, donde la vulnerabilidad no solo se mide en pérdidas materiales, sino en la sensación de estar enfrentando solos una crisis que aún no termina, continúa.