A Noemí López nunca le dio vergüenza vender frutas en la Autopista Duarte, en uno de los tramos de La Vega, de donde es oriunda. En ese oficio que comenzó a los ocho años y todavía estando en la universidad seguía haciendo, veía el empuje para lograr convertirse en una profesional. Es una mujer con coraje.
“Nunca he permitido que mis circunstancias decidan quién soy y quién voy a ser”. Esta cita define su fortaleza y el porqué hoy, fruto de su perseverancia, entrega y fuerza de voluntad se convirtió en una profesional que transforma vidas en Estados Unidos a través de la Psicología.
Nunca se rindió. Con el tiempo iba notando que algo faltaba en su vida, pero, pese a su corta edad, no lograba saber qué le afectaba. De adulta, sí descubrió que parte de esas emociones que la invadían eran responsabilidad del divorcio de sus padres, José Alberto López y Petronila Calderón, sucedido cuando ella apenas tenía dos años.
En la casa había necesidades que debían suplir y, como parte de la familia se sentía en el deber de contribuir. Llegaba de estudiar, y sabía que después de despojarse de su mochila, quitarse el uniforme y comer lo que aparecía, su “reposo” tenía un destino: la Autopista Duarte, que era donde vendía sus frutas. Terminada su jornada de “trabajo”, las tareas esperaban por ella.

Noemí estaba consciente de que a sus ocho años debía estar jugando o realizando alguna actividad extracurricular como los demás niños. Pero esto no la perturbaba. Su idea era clara. Así como tenía la capacidad de aportar al sustento de su familia, la tenía para soñar con ser una gran profesional. Sus estudios estaban por encima de todo. De hecho, a los cinco años sabía leer, y por ello fue promovida a Primero. Entró muy joven a estudiar Medicina en la Universidad Católica Tecnológica del Cibao (Ucateci), de La Vega. A esa edad continuaba vendiendo frutas.
Más tarde cambió de carrera. “Orienté mi formación hacia la salud mental, preparándome en Psicología Clínica y de la Salud, Sexología Clínica, Terapia de Pareja y tratamiento de trastornos por uso de sustancias”. Hoy, es esta profesión la que le ha dado el éxito fuera de aquí.
Interrupción y meta alcanzada

Esta dominicana que ni en sus peores momentos se ha dejado vencer por la miseria y la adversidad, emigró a Estados Unidos sin haber terminado su carrera. En ese viaje vio una oportunidad de mejora para ella y su familia. Claro, también estaba consciente de que eso no significaba detener su afán de superación. Lo estaba poniendo en pausa.
Rendirse no era una opción. Sabía que tenía que comenzar de cero. “No fue fácil emigrar sin hablar inglés. Trabajé limpiando casas de familia, luchaba en un país que no era el mío…”. Por si fuera poco, a la distancia se intensificaba su luchaba contra sus heridas emocionales.
“Cada obstáculo terminó convirtiéndose en una oportunidad para crecer. Aprendí a crer que la fortaleza no significa no caer, sino levantarse cada vez con más propósito”. Gracias a esa filosofía crecían sus ganas por superarse.
Desde que encontró la oportunidad, inició sus estudios de inglés como segundo idioma en el Community College of Philadelphia. “Recuerdo ese primer día como si fuera ayer. Llegué a inscribirme y rompí en llanto porque no entendía absolutamente nada de lo que me decían. Estuve a punto de regresar a mi casa pensando que no podría lograrlo. En ese momento apareció una dominicana llamada Virginia Vázquez, la única persona que hablaba español. Ella me ayudó, y considero que Dios la puso en mi camino cuando más la necesitaba”. Esa persona se convirtió en uno de sus ángeles en el trayecto.
En 2016 obtuve su certificación como Home Care Specialist, y posteriormente se graduó como cosmetóloga, en 2018. En 2023 culminó dos maestrías en España: Máster en Psicología Clínica y de la Salud, y otro en Sexología Clínica y Terapia de Pareja. Ese mismo año se prepará como Substance Abuse Counselor, especializándose en el tratamiento de personas con trastornos por uso de sustancias. En 2025 escribió su libro ‘Nací para ser feliz’ y, en 2026 creó su movimiento ‘Mujer que Renace’. Esto muestra que es una persona que no se rinde.
‘Nací para ser feliz’, no es sólo el nombre de su libro, es la historia de superación de Noemí

Como psicóloga y sexóloga clínica, terapeuta de pareja y consejera especializada en adicciones, Noemí López está dando la talla en Filadelfia, Pensilvania, Estados Unidos, donde reside desde hace unos años.
“Trabajo diariamente en casa de Consejeria y Salud Integral ayudando a personas que luchan contra el consumo de sustancias, problemas emocionales y diferentes situaciones de vida”. Los resultados que ha conseguido con sus pacientes la han catapultado en el área.
Y no es que de aquella mujer humilde económicamente hablando, no queda nada. Al contrario, su forma de accionar es la misma. Tanto es así que, sus enfoques profesionales se han diversificado. No se conforma con sólo ayudar a quienes asisten a sus terapias. A través de lo que escribe, de las conferencias que ofrece y de lo que realiza en su movimiento para apoyar a mujeres que la necesiten deja claro que sus dotes de solidaridad trascienden el éxito.
Por si fuera poco, la muchachita que a los ocho años vendía frutas en la Autopista Duarte, es una próspera empresaria. “Tengo una compañía de decoración y renta de artículos para eventos, donde desarrollo mi lado creativo”. Como mujer creyente en Dios, también saca tiempo para servir a la iglesia como coordinadora de actividades religiosas.

A su fe inquebrantable le atribuye el salir a flote de cualquier circunstancia. Pero también al soporte de su familia le da el crédito de ser el motor de su vida. “Y quiero mencionarlos con profundo amor y gratitud. Por ejemplo, mis hijos, Gabriel y Abigail, son mi mayor bendición. Ellos son mi razón para seguir creciendo, preparándome y luchando cada día”. Quiere dejarles un legado.

En su lista de agradecimiento también está su madre, Petronila. “Ella es una mujer extraordinariamente luchadora. Siempre digo que tiene un corazón de niña. Me enseñó el valor del sacrificio, la fe y el amor incondicional. Nunca permitió que las dificultades la hicieran abandonar a sus hijos”. La ha honrado siguiendo su ejemplo.
“Mi padre me enseñó a ser una mujer fuerte, independiente y trabajadora. De él aprendí que la honestidad y el esfuerzo siempre valen la pena”. No dejó de mencionar a sus hermanos Mariela, Ruth, Daniel y María, quienes han formado parte importante de su vida.
Y cómo no decir que un gran sostén para ella en sus momentos más duros, ha sido su esposo Juan Humberto. “Él ha caminado conmigo durante los años más desafiantes de nuestra vida, en Estados Unidos”. Con ternura incluye a sus abuelos, Fe María, Roberto Santiago, Marcelino y María Josefa de quienes recibió el amor más puro.
Siempre hay metas por cumplir

Es amplio el portafolio de logros que posee Noemí. Sin embargo, no deja de trazarse metas y de luchar por conquistarlas. “Sueño con seguir preparándome en Neuropsicología, para poder ayudar a niños con trastornos del neurodesarrollo, como el autismo, y también a adultos mayores que padecen enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer”. Su altruismo va a la par con sus aspiraciones.
También desea ampliar ‘Mujer que Renace’ para que llegue a más ciudades y países, creando programas de apoyo emocional, conferencias, retiros y espacios donde miles de mujeres puedan sanar y descubrir su valor.
“Además, quiero crear una fundación que brinde apoyo psicológico accesible a personas con pocos recursos y desarrollar programas preventivos para niños, adolescentes y familias”. Seguir escribiendo libros, formar futuros profesionales de la salud mental, y convertir su experiencia en una herramienta para transformar vidas, es otra meta a desarrollar.
Todo esto quiere hacerlo para contribuir a que el mundo se transforme en uno más empático y con mayor acceso a la salud mental. “Vivimos en una sociedad donde muchas personas sonríen por fuera mientras sufren profundamente por dentro”. Con esta cita se despide la mujer que pasó de vender frutas en la calle a triunfar en el área de la Psiclología en Estados Unidos.