La Avenida Independencia, una extensa vía bautizada así en honor a la máxima gesta nacional que puso fin a 22 años de dominación haitiana en 1844, arrastra desde hace años un notable tramo en total decadencia debido a la indiferencia institucional.
Recorrer cada tramo crítico deja en evidencia una dolorosa contradicción en el diseño y mantenimiento de la infraestructura del Distrito Nacional.
Esta anormalidad resulta aún más punzante al constatar cómo, mientras las arterias viales bautizadas con nombres de próceres internacionales y dignatarios extranjeros lucen un asfaltado impecable, jardinería de diseño y señalización de vanguardia, esta vía patriótica languidece.
Su trazado formal como vía urbana comenzó en 1909, con un ancho inicial de 14 metros, consolidándose como una arteria clave para la expansión de la ciudad fuera de las antiguas murallas.
A lo largo de las décadas de 1930 y 1940 fue intervenida y modernizada y se extiende por más de 12 kilómetros, desde las cercanías de la Puerta del Conde, en la Zona Colonial, hasta el empalme con la autopista 30 de Mayo y el municipio de Santo Domingo Oeste.
Sin embargo, la arteria que debería rendir tributo permanente a los Padres de la Patria, Duarte, Sánchez y Mella, luce hoy como un monumento al descuido.

La diferencia entre dos arterias históricas
Apenas unos cientos de metros y un trazado paralelo separan a la Independencia de la Avenida 30 de Mayo, otra de las vías con mayor peso histórico de la capital. No obstante, en términos de mantenimiento, inversión pública y ordenamiento urbano, parecen pertenecer a realidades opuestas.
Mientras la Avenida 30 de Mayo, trazada a lo largo del litoral marino en honor a los héroes que ajusticiaron al tirano Rafael Leónidas Trujillo en 1961, exhibe un frente costero remozado, iluminado y en constante atención, la Independencia se hunde en el desinterés oficial.
Tan marcada disparidad pone al descubierto una desconcertante incongruencia en la gestión del espacio público: El Estado invierte recursos de forma prioritaria en el malecón y su paseo marítimo para el disfrute y orgullo de la capital, pero le da la espalda a la arteria vital que conmemora la gesta de la fundación de la República.
El cuadro del deterioro
Bastaría alejarse unos metros de la costa hacia el norte para encontrar la prueba contundente del abandono. Transitar por la Independencia se ha convertido en una carrera de obstáculos.
La capa de rodadura presenta remiendos deformes, baches recurrentes y grietas que afectan la dinámica vehicular en tramos neurálgicos que van desde la intersección con la Avenida Enrique Jiménez Moya, siguiendo por los kilómetros 5, 6, 7, 8, 9, 10 y 12.
Por su parte, la mediana o islote divisorio exhibe vegetación descontrolada, bordillos destruidos y acumulación de sedimentos, mientras que las aceras han dejado de pertenecer al peatón, ocupadas de forma desordenada por el comercio informal, talleres de mecánica improvisados y vehículos estacionados sin control.