De Valborg a Santo Domingo: cuando el calendario te dice algo que nadie quiere escuchar.

Abril en República Dominicana no es un mes. Es un estado de ánimo colectivo que oscila entre la resignación y el sobresalto. Este año fue la confirmación.
Llegamos a un año del derrumbe del techo del Jet Set y los (por lo menos) 236 fallecidos siguen esperando que la justicia encuentre el camino hacia aquel Palacio en Ciudad Nueva, ahora hasta con bofetones del energúmeno de turno a quien manifestaba un dolor inconsolable. Hubo otra gran inundación —anunciada por nadie, no obstante la inauguración del flamante radar con tanto protocolo— y el agua volvió a caerle más pesado a quien menos tiene. Los sanjuaneros siguen en pie de guerra contra GoldQuest y su oro que, según la empresa, vale más que sus vidas. El aniversario de la Revolución de Abril del 1965 pasó sin pena ni gloria, y las pobladas del 84 cumplieron otro año sin que nadie sepa todavía cuántos cayeron.
Y en las calles, la violencia sigue tomando formas que espantan. Deivy Carlos Abreu, chofer de un camión recolector en Santiago, fue perseguido, apuñalado y dejado desangrándose frente al Palacio de Justicia por una turba de motoristas cuyo móvil, según su propia defensa, fue el cobro de una deuda. Mientras el dominicano de a pie tiembla ante las hordas de motores, las escoltas presidenciales y de funcionarios siguen ocupando las vías con su desfile de sirenas y jeepetas que nadie pidió y todos pagan, hasta que un vehículo de la avanzada se accidentó esta semana en Maimón, volcándose en una cañada y arrastrando en su tragedia a un civil inocente.
Para rematar, la JCE lanzó con bombos y platillos la nueva cédula. En abril le tocó al pueblo: filas interminables, sistemas lentos y una pregunta sin respuesta honesta: ¿por qué hay ciudadanos haitianos recibiendo el nuevo documento con mayor facilidad que los propios dominicanos? ¿Tienen o no derecho a él?
Afuera tampoco ayuda. Trump sobrevivió a otro atentado y las treguas entre Washington y Teherán van y vienen como marea sin luna. En Haití, el Primer Ministro anuncia avances de la GSF con la solemnidad de quien describe victorias reales, aunque sus protagonistas parecen ser el hombre invisible y sus fuerzas especiales de la nada.
Hay una tradición escandinava que merece nuestra atención urgente y que tuve el privilegio de vivir. Cada 30 de abril, Suecia celebra Valborg: enormes hogueras que queman simbólicamente los malos espíritus del invierno para abrirle paso a la primavera. No es folclore vacío —es terapia civil: una sociedad que decide colectivamente que lo malo se va y que algo nuevo puede comenzar.
Nosotros no tenemos invierno que quemar. Pero tenemos acumulaciones que asfixian: la impunidad que envejece, la improvisación que se institucionaliza, la infoxicación que adormece, el socavón que espera en la próxima curva. Nos falta la decisión de incinerar nuestra indiferencia. Porque no vamos hacia ningún lado mientras confundamos el ruido con el rumbo, la presencia con el liderazgo y la resignación con la paciencia.
Acuérdate de abril. Enciende el futuro.