Hugh Jackman no describe «The Sheep Detectives» (“Las ovejas detectives”) como una simple película familiar, ni la presenta únicamente como una comedia animada o un misterio ambientado en el campo británico.
Para él, el proyecto funciona porque debajo de toda la excentricidad, el humor y las ovejas parlantes existe una historia profundamente humana sobre crecer, aceptar las verdades difíciles de la vida y descubrir quiénes somos realmente.
Y esa parece haber sido la razón principal por la que decidió formar parte del filme. Durante la conversación sobre la película, Jackman hablaba de George Hardy, el pastor que interpreta, con una mezcla de ternura y admiración.
Lo definía como un hombre completamente desconectado del mundo moderno, alguien que entiende mucho mejor a las ovejas que a los seres humanos.
«Ama a las ovejas», decía entre risas, simplificando al personaje de la manera más honesta posible. Pero enseguida profundizar en lo que realmente lo vuelve interesante: George es alguien que ha encontrado paz lejos del ruido humano, refugiándose en una relación casi espiritual con los animales y la naturaleza.
Para Jackman, esa conexión emocional es la clave del personaje. George no es simplemente un pastor excéntrico. Es alguien que ha decidido vivir desde la sensibilidad y no desde el caos social; un hombre cuya vida gira alrededor del cuidado, la observación y una empatía silenciosa que lo convierte en el corazón emocional de la película.
Lo curioso es que Jackman nunca habla del proyecto desde la ironía. A pesar de lo absurdo que podría sonar un thriller detectivesco protagonizado por ovejas, insiste constantemente en la sinceridad emocional del filme. Explicaba que cuando recibió el guión le dijeron que sería «como Babe mezclado con Knives Out», y que de inmediato sintió que estaba leyendo algo distinto: no solo por la premisa, sino porque debajo de todo había una historia sobre crecimiento personal.
«Es una película sobre crecer en todas sus formas», comentaba. Ahí es donde realmente aparece la visión de Jackman sobre el proyecto.
Mientras muchas películas familiares modernas funcionan únicamente desde la nostalgia o el cinismo disfrazado de humor, The Sheep Detectives apuesta por algo más emocionalmente vulnerable.

Jackman, en la entrevista a la que LISTÍN DIARIO tuvo acceso, habla de personajes que se enfrentan a verdades incómodas, miedos internos y momentos difíciles de aceptar. Según él, la película entiende que crecer nunca termina, que incluso los adultos siguen intentando descubrir quiénes son.
Esa reflexión parece haberlo conectado profundamente con el proyecto. De hecho, insistía varias veces en que la película funciona tanto para niños como para adultos precisamente porque todos seguimos creciendo, sin importar la edad. Todos seguimos enfrentándonos a inseguridades, cambios y preguntas personales. Y quizás por eso George termina sintiéndose tan genuino.
Jackman no lo interpreta como una caricatura rural ni como el mentor clásico de las películas familiares, sino como alguien emocionalmente aislado que encuentra significado en la compañía de sus ovejas: un hombre tranquilo, más cómodo observando la naturaleza que intentando navegar relaciones humanas complicadas.
Esa sensibilidad también estuvo presente durante el rodaje. Jackman describía la experiencia de filmar en la campiña inglesa como algo casi mágico. Decía que, después de tantos años haciendo películas, pocas veces había trabajado en un lugar tan hermoso rodeado de personas con las que realmente disfrutara el proceso creativo. «Tuve que pellizcarme», confesaba.
Y quizá eso explica por qué sus comentarios sobre la película suenan tan personales. No parece alguien promocionando automáticamente un estreno, sino alguien genuinamente emocionado por una experiencia que lo conectó con algo sencillo y honesto.
También resulta interesante cómo habla sobre la imaginación dentro del proceso actoral. Acostumbrado a enormes producciones de efectos visuales, mencionaba que ha pasado años actuando frente a pelotas de tenis o referencias digitales. Pero aquí ocurrió algo diferente: en lugar de imaginar completamente a las ovejas, trabajó con un titiritero que manipula físicamente una oveja construida parcialmente para el rodaje. Según él, la experiencia fue extraordinaria.
Decía que podía percibir emociones, pensamientos y matices a través del movimiento del títere, y que en cierto momento dejó de ver a un artista manipulando una figura para empezar a sentir que estaba interactuando con un ser vivo.
Esa capacidad de creer emocionalmente en lo imposible es precisamente lo que define las mejores películas familiares.

Jackman parece entender que el cine funciona cuando logra que el espectador se entregue a algo que racionalmente sabe que no es real, y que en The Sheep Detectives esa ilusión no depende solo de los efectos visuales, sino de la sinceridad con la que los actores se aproximan al material. Por eso insiste tanto en el corazón de la historia.
Hablando sobre el resultado final, confesaba sentirse aliviado después de ver la película terminada. Según él, no siempre ocurre que una producción logre capturar exactamente aquello que imaginaste al leer el guión, pero aquí sí sucedió. Comentaba que se rió, se emocionó y terminó profundamente orgulloso del resultado. Incluso decía que es exactamente el tipo de película que le gustaría ver o compartir con su familia. Y quizá eso define mejor que nada el espíritu de The Sheep Detectives.
Una película que entiende que el humor y la ternura no tienen por qué excluirse mutuamente. Un misterio absurdo sobre ovejas detectivescas que, según Hugh Jackman, termina hablando sobre identidad, crecimiento, vulnerabilidad y la importancia de mantener el corazón abierto incluso cuando la vida se complica. O como él mismo resumía: una historia que espera dejar al público sonriendo, emocionado y quizá pensando dos veces antes de pedir cordero para cenar.