El principal rival de Dahiana Ortiz nunca estuvo sobre la plataforma. No vistió el uniforme de Cuba ni el de Venezuela. Llevaba casi un mes acompañándola, instalado en su espalda.
Se trata de una lesión que sufrió el 12 de julio, apenas menos de dos semanas de empezar estos los Juegos Centroamericanos.
“Honestamente pensé que no iba a competir. Todas las noches le pedía a Dios que me permitiera participar. Pues no sabía cuando iba a tener la oportunidad de representar a mi país frente a mi familia”, dijo Ortiz al Listín Diario.
La lesión ocurrió entrenando, preparándose justamente para Santo Domingo 2026.
El dolor apareció otra vez el pasado miércoles en el peor momento posible. La dominicana falló sus tres intentos en el arranque de los 49 kilogramos y quedó sin registro. Sin embargo, los 20 minutos de pausa previo al envión terminaron siendo el punto de inflexión de la historia.
Mientras el público todavía asimilaba lo ocurrido, Dahiana libraba otra competencia contra ella misma.
“No podía dejar que todo terminara así. Estaba compitiendo en mi país, delante de mi familia. Me dije que todavía tenía una oportunidad y tenía que salir a buscar esa medalla”, sostuvo.
“Lo usé como gasolina. No podía perder dos pruebas seguidas delante de mi gente”, añadió.
Con esa mentalidad regresó a la plataforma.
En su último intento levantó 100 kilogramos en el envión. Ese peso obligó a las representantes de Cuba y Venezuela a asumir un riesgo mayor. Ninguna pudo completar sus levantamientos posteriores y la dominicana pasó, en apenas unos minutos, de no registrar marca en el arranque a conquistar la medalla de oro.
La explicación, sin embargo, iba mucho más allá de lo deportivo.
“Esa modalidad exige mucha fuerza en la espalda porque todo ocurre en un solo movimiento. Ahí fue donde más sentí el dolor”, explicó sobre el arranque.
La lesión sufrida el 12 de julio alteró su preparación, y durante varios días puso en duda su presencia en los Juegos. Fue la primera molestia de esa magnitud en toda su carrera. Aun así, nunca contempló abandonar.
Pensó en su madre, en su abuela, en el resto de su familia que llenaba las gradas para verla competir por primera vez en unos Juegos Centroamericanos celebrados en suelo dominicano.
“Ellas fueron mi fuerza. Pensaba en que había trabajado demasiado para quedarme con la cabeza abajo”, dijo.
Quienes conocen de cerca el sacrificio que exige la halterofilia entendieron de inmediato la dimensión de lo conseguido.
La también pesista Crismery Santana, quien ganó plata y bronce en los Juegos, siguió cada levantamiento de Dahiana como si fuera suyo.
“Yo lloré ese oro. Lo celebré como si fuera mío porque conozco todo lo que Dahiana ha pasado para llegar aquí. Verla levantarse después de ese arranque demuestra la calidad de atleta y de persona que es”, expresó Crismery al Listín Diario.
La imagen que quedará de Santo Domingo 2026 no será la de una atleta fallando tres intentos consecutivos. Será la de una campeona que compitió lesionada, pero que encontró la fuerza para levantar 100 kilogramos, y con ellos el primer oro de la halterofilia dominicana en los Juegos Centroamericanos 2026.