Escribir sobre Don Emilio Rodríguez Demorizi es una tarea compleja y polémica que requiere un juicio de racionalidad que permita colocarse en “el justo punto medio aristotélico” al momento de perfilar el arquetipo de uno de los historiadores de mayor peso de nuestra vida republicana.
Nadie discute la consagración con que asumió su labor intelectual este historiador, nacido en Sánchez, Samaná, el 14 de abril de 1904 y fallecido en Santo Domingo el 26 de junio de 1986, quien produjo más de un centenar de obras con irrestricto apego a la metodología del investigador, alcanzando una confiabilidad unánime entre quienes le han sucedido en su disciplina académica.
Don Emilio, como lo llamó la intelectualidad dominicana desde que todavía podía exhibir su juventud, valoraba tanto el concepto de continuidad en la investigación del pasado con rigor metodológico, que en los últimos días de su vida creó la Fundación que lleva su nombre, con el propósito, según el hoy presidente de la entidad, “de que una vez él desaparecido, continuara la labor de investigación histórica que tanto le distinguió”.
Rodríguez Demorizi perteneció a una generación de intelectuales que se caracterizó por un afán perfeccionista que, pese a los tiempos difíciles en que le tocó surgir y desarrollarse, jamás cayó en el conformismo ni en la dejadez al momento de producir sus trabajos.
El autor de Próceres de la Restauración fue contemporáneo y contertulio de poetas, narradores, historiadores, periodistas y críticos como Héctor Incháestegui Cabral, Juan Bosch, Manuel del Cabral, Joaquín Balaguer y Ramón Marrero Aristy. Puede decirse que el ambiente político de los años 30 del siglo pasado los llevó a destinos diferentes, pero el tiempo demostró que la amistad sobrevivió a las más peligrosas tempestades.

De los amigos de Rodríguez Demorizi, Bosch se marchó al exilio y debieron esperar el fin de la dictadura veinticuatro años después para reencontrarse en la patria que los vio nacer. Con Marrero Aristy no logró reencontrarse, puesto que este fue víctima del mismo régimen al que sirviera por muchos años.
Una muestra del irrenunciable rigor metodológico del historiador e investigador en comento fue la publicación de una antología titulada “Cuentos de Política Criolla”, en 1963, bajo el sello de la editorial Librería Dominicana, presidida por Don Julio D. Postigo. En la reciente edición de la obra, el prologuista Manuel García-Cartagena, plantea una explicación a la ausencia de Bosch y Marrero Aristy entre los antologados “por una razón muy simple: sus producciones no se ajustaban a la idea que Demorizi se hacía acerca de eso que él llamaba “cuentos de política criolla”.
García Cartagena refiere que tanto el cuento “La mancha indeleble”, de Bosch, como “En busca de enganche”, de Marrero Aristy, y “Las hormiguitas”, de José Mariano Sanz Lajara, pudieron calificar para la antología de Rodríguez Demorizi, máxime tratándose de escritores con prestigio suficientemente ganado. Pero no llenaron las exigencias del historiador, a partir del marco teórico, en consonancia con el título de la obra.
Sin duda, un juicio muy severo y controversial del notable historiógrafo, compilador, crítico y conservacionista.