Cuando el problema es el sistema, las candidaturas independientes agregan nuevos cuellos de botella, al derecho de ser elegibles de los ciudadanos.
Podemos visualizar varios escenarios para comprender el impacto de la implementación de este tema, que aún rechazado por el congreso nacional, queda todavía el cedazo más importante, que tarda demasiado en activarse, pero que de una manera contundente lo hará, más temprano que tarde: “El Soberano Mandante”®.
Si nos situamos en lo que ha sido la práctica política, una cosa es aparecer en una boleta, y la otra el poder hacer el trabajo político que nuestra cultura ha impuesto en todo lo que significa campaña, pre campaña, cuadros políticos, delegados electorales, la defensa del voto, financiamiento y el famoso día de las elecciones, compra de cedulas, y otras diabluras.
Si lo que queremos es decir y dejar en la historia en nuestro legado es: “lo intente, fui candidato y no me votaron”, bueno, a eso también se tiene derecho.
Pero definitivamente por algún punto se debe comenzar. Y el principal obstáculo que se tiene con las candidaturas independientes, desde nuestra óptica es sistémico. Pues hay preguntas fundamentales que se deben responder para que ese sistema pueda operar con eficiencia, transparencia, credibilidad y objetividad.
Pero situémonos por un momento en la posibilidad que no morirá, aunque sea en un nuevo gobierno, o por una iniciativa popular invencible con el “Soberano Mandante” a cargo.
¿Cuántas personas levantarían la mano si se les pregunta, quienes quieren ser diputados, senadores, síndicos, regidores o presidente de la república?. Créanme que la cifra podría pasar de 200 mil personas. ¿Por qué? Porque no existen limitaciones ni un perfil con competencias deseadas establecidas por ley.
¿Y qué importa si el aspirante no tiene pueblo?, tiene derecho a aspirar. ¿A caso no se conocen en el país historias de personalidades que lo intentaron y que luego la gente decía, solo voto por esa persona su cónyuge y sus hijos?. Pero la diferencia en esos casos, es que se montaron en la plataforma de un partido político que cumplió con los requisitos del momento y que por lo tanto podía llevar su propia boleta electoral.
Pero, sigamos con la idea sistémica. Para que pudiera operar este tema de las candidaturas independientes, se necesitaría un sistema de voto automatizado prácticamente obligatorio, pero que además, supla de credibilidad a los votantes, que son los dueños de la fiesta. No son los partidos y tampoco los candidatos independientes. Los que ejercen el voto deciden.
Siempre se han querido utilizar los términos de extra partidos, o candidaturas independientes, para querer indicar que un cambio supuestamente verdadero podría llegar a la cosa pública. Al parecer, tiene más aceptación en la misma partido mafia, la idea del extra partido, que la de las candidaturas independientes.
No se trata de que el congreso nacional no aprobara las candidaturas independientes, aunque cante un gallo contrario en el Tribunal Constitucional, sino es que sale con alguna justificación que apueste a la ignorancia colectiva.
Es que los mismos partidos políticos no quieren perder el control, dejar de decidir quién va o quien no va en una boleta electoral. Ese poder señalar con el dedo, o de manera manipulativa a sus candidatos. Ese poder discrecional y de presencia, para negociar el pastel y el botín de guerra cada cuatro años, no se quiere perder. Ese es el poder de la partido mafia.
Por otro lado, agravar la situación de una partidocracia mafiosa, donde deberían dejar de existir el 85% de las entelequias políticas que se denominan partidos políticos, y sumar varios cientos de miles de ciudadanos con derechos legítimos de ser elegidos, crea un enorme cuello de botella, que haría incosteable un proceso electoral y al mismo tiempo, dejaría una desconfianza aún mucho peor que la que se tiene de los procesos electorales.
De hecho nuestra propuesta de separar el registro civil de la junta central electoral cobra fuerza, y sería algo prácticamente obligatorio, por la cantidad de trabajo que se tendría que sumarse, para garantizar certámenes electorales justos, inclusivos y creíbles.
Pero hay algo más que hemos propuesto que dejaría de lado esto de las candidaturas independientes pues abriría las puertas de la política a todos los ciudadanos hábiles.
La prohibición de la reelección al 100%, un solo periodo y adiós, para todos los cargos electivos y los órganos constitucionales. Nadie podría reelegirse jamás: ni presidentes, ni vice presidentes, ni senadores, ni diputados, ni alcaldes, ni regidores, ni los plenos de la cámara de cuentas, junta central electoral, tribunal constitucional, defensor del pueblo: nadie jamás podría reelegirse. Y algo que no se puede quedar: cero financiamientos a los partidos políticos con dinero público.
Terminaría ahí la maldición de la ñoña y habría con seguridad mejor manejo de los fondos públicos, menos partidos políticos y rémoras políticas, y menos corrupción en todos los niveles.
Las candidaturas independientes, fueron rechazadas en esta coyuntura y aunque podrán ser reintroducidas, es algo que debería comenzarse a trabajar como parte de todo un sistema electoral, y de una inevitable re ingeniería en la misma Junta Central Electoral para reforzarla y separar definitivamente el registro civil de sus atribuciones.
Conjuntamente con esto, es casi seguro, que será necesario modificar la ley de partidos, régimen electoral y la misma constitución de la república. Para poder dar paso a una nueva disciplina electoral, aspirantes con competencias verificables y perfiles plausibles, con nuevos sistemas, que deberán ser diseñados, probados, parametrizados e implementados, con total garantía para el pueblo dominicano.
Esto que puede verse como un fracaso democrático, al no aprobarse en este momento las candidaturas independientes, también puede ofrecer el reto, para una destrucción creativa de un sistema podrido, y legalizado, de forma tal que surja en el país un nuevo sistema electoral, con prácticas y gestiones plausibles, inclusivas, consistentes, auditables, transparentes y confiables y con todo el marco legal que le haga sostenible.