La participación del presidente Luis Abinader en el Foro Mundial de la Alimentación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en Roma, tiene un valor que va más allá del protocolo internacional.
República Dominicana llegó a ese escenario con un reconocimiento relevante que fue haber reducido la prevalencia de la subalimentación por debajo del 2.5 por ciento, umbral que coloca al país fuera del Mapa del Hambre. Un logro que, sin caer en triunfalismos porque todavía persisten desafíos de acceso, nutrición, desigualdad territorial y calidad de la dieta, debe valorarse.
Lo importante es que el país no fue a Roma con un discurso vacío sino con una experiencia que combina crecimiento económico, apoyo a productores, financiamiento agropecuario, subsidios a insumos, alimentación escolar y programas sociales. Una combinación de producción y protección social que explica buena parte del avance.
Tanto así que el director general de la FAO, Qu Dongyu, valoró el liderazgo dominicano e incluso anunció una visita al país para conocer de primera mano esas políticas públicas.
Y es que la seguridad alimentaria ya no es un tema sectorial sino un asunto de soberanía, estabilidad, salud pública, productividad y gobernabilidad. Por eso la presencia de Abinader en Roma debe verse como una oportunidad para proyectar al país, fortalecer cooperación y consolidar lo alcanzado.
Salir del Mapa del Hambre es importante, pero mantenerse fuera será el verdadero desafío y ahora la tarea es producir más, producir mejor, proteger al consumidor, respaldar al campo y asegurar que cada familia dominicana tenga acceso a alimentos suficientes, seguros y nutritivos.