Un amigo me preguntaba esta semana mi opinión sobre el futuro de los periódicos impresos y, con ello, del periodismo en República Dominicana. Desmarca ese amigo lo que define como los verdaderos y los impostores periodistas y comunicadores.
Unos informan, investigan, analizan y hasta orientan desde los medios tradicionales, sean impresos, televisión y/o radio. Otros mienten, escandalizan, insultan, extorsionan, básicamente escondidos entre las marañas de la tecnología, las redes, las plataformas.
Mi amigo teme que los impresos, como ejemplo de un buen periodismo, desaparezcan y que ‘comunicadores’ e ‘influencers’ tomen el control de la prensa. Miguel Franjul y José Monegro se encargan semanalmente, en sus columnas ‘Reflexiones del Director’ y ‘Director 3.0’, de mostrar el valor de un buen periodismo
Yo creo, aunque consciente de la necesidad de ‘reinventarse’, adaptarse a la realidad del desarrollo vertiginoso de la tecnología, que la prensa seria y responsable seguirá, que se consolida.
No faltan los que difunden tremendismos, expresiones insultantes, difamatorias, de mal gusto que se difunden, principalmente, a través de redes irresponsables.
Es una lucha seria, un pulseo de poder que nos retrotrae a las batallas libradas por el ejercicio diáfano, responsable, en libertad, anti-controles, presiones, amenazas, de los ’80, cuando se trató de imponer una colegiación obligatoria que pretendía maniatar la prensa, los medios, a los periodistas.
La generalidad de la gente ha ido separando la paja del trigo. Y la Justicia se ha encargado de dar ejemplos serios y contundentes, al castigar a esos que alegremente difaman, insultan, agreden, extorsionan bajo el sofisma de que lo hacen en nombre de una libertad de prensa en que no creen, que irrespetan y patean.