Las empresas no existen para convertirse en centro de beneficencia. Su objetivo fundamental es la creación de valor, creación de riquezas y por ende, lograr el máximo retorno con la inversión realizada, lograr una participación de mercado creciente y sostenible y reportar los máximos beneficios posibles a los inversionistas.
Lograr crecer, ser rentables, sobrevivir, constituyen los objetivos genéricos de cualquier empresa. Lograr desarrollar fortalezas y una ventaja competitiva le capacita para maximizar sus beneficios, y con esto, lograr la sostenibilidad, buscando afianzar la competitividad y productividad en la industria y en el mercado donde compiten.
Un cambio de paradigma siempre constituye un reto que puede a veces sorprender hasta a los más aventajados. Sin embargo dada la naturaleza del cambio como una constante, el surgimiento de un paradigma disruptor, hace que todos los competidores tengan que optar por esa nueva y mejor práctica.
Hacerlo de manera pro activa, permite distinguir tres tipos de empresas frente a la urgencia que imponen las fuerzas competitivas: “las empresas líderes, las previsoras y las desesperadas” (Hammer).
La urgencia de buscar la productividad ha sido una constante desde que los negocios son negocios. Lograr mayores resultados con la menor cantidad de recursos invertidos, es una máxima, que aunque tiene sus riesgos, cuando se logra ofrece grandes satisfacciones a los inversionistas.
Aunque no se trata de una novedad el concepto de buscar ahorros de costos, incrementar la productividad, mejorar la calidad, reducir los costos fijos, eficientizar o automatizar los procesos, mecanizar, robotizar; la disrupción de la inteligencia artificial y sus agentes, traen novedades que colocan entre la espada y la pared a muchos ejecutivos, sus paradigmas gerenciales y de liderazgo empresarial.
Uno de los principales baluartes que pueden salir seriamente afectados es la lealtad y cohesión de los equipos de trabajo, si se permite una competencia interna no sostenible y toxica, al comparar el desempeño del personal con los resultados de los agentes de IA.
Esa competencia no comparable genera un sentimiento natural de deslealtad que reta a los gerentes, la dirección de la empresa a repensar las políticas de recursos humanos, además de adoptar alguna estrategia de outplacement por los desplazados del proceso.
Los máximos exponentes del concepto y promotores a nivel universal de la IA han compartido criterios que van desde la utilización de híbridos, el trans humanismo, la robotización de múltiples procesos, la creación de agentes de IA autónomos y la invasión de la robotización en ambientes administrativos, gerenciales, logísticos, de seguridad, analíticos, de programación, manufactura, empaque, procesos que tradicionalmente eran gestionados, controlados, supervisados y ejecutados por los seres humanos.
Cada día sorprenden más las innovaciones que se comparten en los medios digitales y la prensa internacional, que implican una sustitución agresiva de seres humanos por maquinas, no solo en los ambientes de trabajo del sector privado, sino también en la prestación de servicios públicos, el transporte, seguridad y hasta temas eminentemente científicos, como los diagnósticos médicos e intervenciones quirúrgicas.
El crecimiento poblacional que siempre se ha manifestado con tener categoría de geométrico o exponencial, en comparación con el crecimiento de la producción, ahora se encuentra de frente con un rival parecido a la espada de Damocles. Una espada de doble filo.
Mientras la carrera de la productividad gracias a la IA estaría intentando suplir las necesidades de esa población, esa nueva productividad al parecer podría inhabilitar a millones de seres humanos, al ser sustituidos por maquinas en sus ambientes de trabajo.
El reto universal con esta disrupción que afecta a todas las áreas, sectores e industrias del planeta, es ¿Cómo conciliar la coexistencia pacífica y sostenible del hombre con la IA?, y que se pueda colocar a la maquina en un lugar inferior al ser humano.
Otro reto importante tiene que ver en responder una pregunta existencial fundamental: ¿Cómo asegurar que el ser humano pueda aspirar y lograr su auto realización y tener una vida con propósito, donde hagan sentido sus conocimientos y experiencias adquiridas?.
Un tema que viene debatiéndose en base a antiguos paradigmas ahora también se ve retado, y es la necesidad de una educación y formación adecuada. Y frente a esta posibilidad de que una maquina pueda ofrecer tantísimos conocimientos encapsulados, para una consulta efectiva, ¿Qué valdría la pena estudiar?
¿A cuales oficios podrían dedicarse las nuevas generaciones? ¿Cómo integrar esa nueva educación y formación a la existencia de esta fuente de conocimientos que implicaría la Inteligencia Artificial? Esto es sin entrar en materia con las mil artimañas de quien hizo las reglas, pues también conoce las trampas.
En el proceso de aprendizaje que hace un tiempo compartió Edward Deming: pensar, hacer, reflexionar, decidir, en este proceso, la acumulación de conocimiento no se ve, pero la capacidad de memorizar y de documentar los conocimientos han estado a la disposición del hombre. Primero en libros físicos, luego en información digital, luego en la web y la nube y ahora con la IA.
Es evidente, que las personas que lograron sistematizar el conocimiento en sus procesos de aprendizaje, y se encuentran con esta “enciclopedia de la vida y de la especie” en cualquier consulta con la IA y los asistentes personales (los famosos Chats), esas personas podrán formular mejores preguntas y por ende lograr mejores respuestas en sus consultas. También podrán discernir si las respuestas recibidas tienen sentido, al tratarse por ejemplo de la búsqueda de soluciones ante algún problema consultado.
Toda esta realidad que presenta la IA y que afecta la cotidianidad en cualquier sociedad, nación, industria, y que afecta claramente los procesos de aprendizaje, podrían constituirse en una nueva ventaja competitiva en el mundo empresarial, sobre todo, en aquellas corporaciones que logren convertir la IA en productividad sin perder la calidad, ni la estandarización de sus productos.
El salario universal, las ayudas sociales, podría formar parte de un esquema de sobrevivencia, para no dejar a merced de la suerte a los desplazados por las comentadas automatizaciones.