El pasado mes de junio, en un encuentro con directores de medios de comunicación, el presidente Luis Abinader volvió a repetir una frase que ha emitido al menos cinco veces durante sus gobiernos: La frontera está segura, blindada. “Tenemos grandes logros que exhibir en materia de seguridad y desarrollo fronterizo”.
Lo que pasó el lunes en Haití desmonta la frase de una frontera segura. Una pandilla secuestró a cuatro técnicos de aviación de El Salvador que se transportaban en un carro blindado. Estos hombres fueron atacados con explosivos y armas. Según los informes, los cientos de disparos y explosivos provocaron que el blindado se encendiera.
El lunes, la ONU dijo que el poder de las bandas es tan grande que adaptan sus tácticas a las operaciones de seguridad. Según relatan sus informes, tienen fusiles de asalto militar, pistolas, rifles semiautomáticos, explosivos y granadas, entre otras armas capaces de destrozar vehículos blindados y muros.
Más allá de lo atractivo que pueda resultar el discurso oficial, la capacidad de fuego de estas bandas plantea serias dudas sobre la seguridad fronteriza. Frente a esta realidad, afirmar que la frontera está blindada es cuestionable y obliga a examinar las condiciones de seguridad tanto en la frontera como en el territorio dominicano.