El pasado jueves 22 del corriente mes, por invitación de la Embajada de Israel en la República Dominicana, tuvimos el privilegio de escuchar el testimonio de Luis Har, quien permaneció secuestrado por Hamás desde el 7 de octubre de 2023 hasta el 12 de febrero de 2024, cuando fue rescatado por las Fuerzas de Defensa Israelíes. Su historia nos enfrenta a la crueldad del terrorismo y al sufrimiento de seres humanos inocentes.
¿Cómo es posible que, después de escuchar testimonios como el suyo, todavía haya personas que justifiquen o apoyen el terrorismo? ¿Qué ceguera moral permite anteponer una ideología a la vida y la dignidad humana?
La condena debe alcanzar también a los gobiernos que financian, arman y respaldan deliberadamente a organizaciones terroristas. Quienes ponen el poder y los recursos de un Estado al servicio del terror no pueden esconderse tras la soberanía nacional ni escudarse en intereses geopolíticos. Deben afrontar consecuencias concretas: sanciones económicas y financieras, aislamiento diplomático y rendición de cuentas conforme al derecho internacional.
La doble moral, práctica desafortunadamente común en las organizaciones internacionales, de condenar cuando lo cometen los adversarios y tolerarlo cuando lo ejercen los aliados destruye toda credibilidad moral. Ninguna potencia debe gozar de impunidad por su poder, y ninguna causa política puede justificar el secuestro, el asesinato o el sufrimiento deliberado de inocentes.
La historia de Luis Har nos recuerda que detrás de cada acto de terror hay vidas destrozadas, familias heridas y una humanidad que no podemos permitirnos perder. Quien comete estos crímenes debe responder; quien deliberadamente los financia debe rendir cuentas. Y los gobiernos que protegen a sus responsables deben dejar de encontrar refugio en el silencio y la conveniencia política de personas y gobiernos. Porque cuando el poder se convierte en cómplice del terror, no hay diplomacia que pueda absolverlo ni ideología que pueda justificarlo.