“El módico 20” es lo más parecido a jugar la ruleta rusa, que por algo dicen que “el que coge prestado se azara”. Y es que no podría ser de otra forma cuando la tasa de interés de los préstamos informales es de un 20% mensual, totalizando un 240% anual; por no hablar de cuando a veces se toma prestado al módico… ¡8% semanal!
Para quien tiene acceso a créditos, préstamos, tarjetas o líneas, esto quizás no representa nada, pues está fuera del ámbito de su realidad cotidiana. Para quienes viven en la informalidad laboral (54.6% de la población), la posibilidad de acceder a un crédito blando es la diferencia entre la supervivencia o el fracaso.
Formalización y bancarización, ese es el desafío. Para ambos, la solución pasa por la voluntad y el apoyo del Estado. En lo primero, por medio de políticas y programas para incentivar y facilitar la formalización ‐desde el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes–, las cuales cuentan con el endoso y compromiso del nuevo ministro, Eduardo Sanz Lovatón (Yayo); en lo segundo, por medio del brazo operativo del ministerio en materia de créditos blandos hacia la pequeña y mediana empresa, (PROMIPYME), quienes, el día de ayer, hicieron un recuento del desempeño de la institución en los últimos dos años.
Al respecto, su director ejecutivo, Fabricio Gómez Mazara, en un encuentro realizado con medios de comunicación daba cuenta de cómo PROMIPYME, entre 2024 y 2025, colocó préstamos por un monto de RD 14,874 millones (+30.6% interanual) a una tasa de 12%, lo cual, en términos del gran negocio bancario significa poco, a no ser de que el negocio de PROMIPYME es hacer posible el negocio de las mujeres y hombres emprendedores de bajos recursos.
Y en ese orden, porque el 66% de la cartera es de préstamos a mujeres, lo cual, adicional al incremento del valor de los negocios financieros, contribuye a expandir el empoderamiento de la mujer y su independencia económica.
Prestar con dinero público es fácil, el desafío es prestar bien y oportunamente; haciendo una debida diligencia que balancee la capacidad real de pago del prestatario, con el impacto social y económico que la facilidad tendría en el fortalecimiento de la unidad de negocio, en tanto parte de un ecosistema más amplio.
PROMIPYME es el brazo ejecutor, en el terreno, de una política pública estatal dirigida a fortalecer, expandir las capacidades de la gente y promover su inclusión financiera; una política que descansa en el proceso de eficiencia y fortalecimiento de las capacidades internas que ha transformado su cultura institucional.
Con una ejecución presupuestaria de 72.9% en 2023, a 92.5% en 2025, la estadísticas de colocación, mora, incidencia, acceso a créditos rápidos (“Tu firma es tu garantía”) y la política de recolocación de recursos propios hablan de que los procesos internos de mejora funcionan.
Por eso, más que aplaudir, deberíamos exigir más apoyo presupuestario para PROMIPYME, o lo que es lo mismo: más apoyo para los trabajadores dominicanos.