En los pocos concursos públicos de publicidad que he participado, he encontrado algunas debilidades en sus pliegos de condiciones que son subsanables y que podrían darles mejores resultados en términos profesionales a las instituciones convocantes.
A veces los briefs que ofrecen las instituciones son pobremente elaborados y colocan a los desarrolladores de las campañas en situaciones confusas que los lleva simplemente a adivinar. Y lógicamente si la base del proceso creativo es débil o imprecisa, la estrategia a desarrollar también lo será.
Se olvidan que el objetivo de un brief es simple: definir el problema o necesidad de comunicación que tiene la institución. El brief es una guía que orienta al creativo con informaciones esenciales. Otro aspecto cuestionable es, los criterios para determinar la conveniencia o no de una propuesta. Muchas veces les atrae más y se inclinan por el oferente que proponga la campaña más económica y no la que ofrezca mejor estrategia y creatividad.
Suelen sacrificar impacto, resultados, eficiencia, simplemente para invertir menos. Claro, ambos aspectos son importantes, pero si el objetivo es solucionar un problema, la clave debe ser decidirse por el que tenga la mejor solución, y si esta es a la vez económica, pues amén. Los plazos muchas veces son sospechosos: porque exigen rigurosamente presentaciones a vapor que humanamente son imposibles de cumplir, advirtiéndose luego que la propuesta escogida, mágicamente, cumplió con ese requisito a pesar de desarrollar esfuerzos que a todas luces no era posible concretizar con el poco tiempo del que se disponía. Finalmente, nos parece que deberían las instituciones contar con profesionales del área para que sean quienes hagan la evaluación de las ofertas y con su visión y pericia, seleccionar la que según su criterio pueda resolver mejor el problema.
Propugno porque en los jurados se integren a profesionales publicitarios que bajo criterios estrictamente técnico puedan deliberar y a la vez avalar la escogencia.