“Nuestra vulnerabilidad es inherente a nuestra humanidad, pero dentro de ella reside la chispa divina de la determinación para renacer y vencer”.
Con esta frase dirigida a los que se rinden, comienza el relato de Yazmín Vicente, una mujer de fe, que ejerce la política con la convicción de Nelson Mandela: “Como un arte noble para transformar realidades”.
Para llegar hasta donde hoy se encuentra ha tenido que vencer muchos obstáculos. Lo primero es que viene de un lugar donde las carencias se interponen hasta en las aspiraciones.
“Soy oriunda de la Sección de Río Arriba, en el municipio de Vallejuelo, provincia San Juan de la Maguana. Vengo del sur profundo, de la tierra que enseña que la dignidad no depende de lo material, sino de la entereza del alma”. Así lo grita aunque no deja de admitir que, para poder estudiar, debía caminar diariamente 18 kilómetros. Muchas veces quiso tirar la toalla, pero su relación con Dios, no lo permitió.
En ese campito de República Dominicana creó sus sueños y aprendió a librar sus principales batallas. Le reconfortaba saber que allí es “donde el viento se detiene a abrazar la humanidad y la sencillez de la gente buena que lo habita”.
Activista desde los 14 años

Al observar sus poéticas respuestas, no quedaba de otra que preguntarle:¿Por qué se podría decir que eres una mujer que no se rinde? “Porque mi resiliencia se forjó, precisamente caminando tantos kilómetros diarios bajo la impredecibilidad del tiempo para recibir educación en mi niñez. Porque en esa comunidad de extrema pobreza, estudiar era un acto de resistencia”.
Hoy es una psicóloga egresada de la Universidad Iberoamerica (Unibe), estudió Publicidad en APEC, preside la Fundación Almas de Amor, y es una mujer que incursionó en la política sabiendo que había que romper estereotipos.

“Mi padre, un abnegado maestro rural, que mostró el camino de la dignidad por medio del pan de la enseñanza, y mi madre, una sencilla modista que hace arte con hilos y agujas me enseñaron que la educación es la única vía hacia la libertad. He estado en las trincheras de las luchas sociales más importantes de nuestro país (Los Haitises, 4%, Marcha Verde…) porque entendí desde los 14 años que si nosotros no participamos, otros deciden por nosotros. No me rindo porque mi compromiso es con la ‘periferia’, como decía el Papa Francisco”. Su vida encuentra sentido en el servicio a los demás, sin distinción alguna.
Esta mujer que no se rinde, desempeña una responsabilidad en la gestión pública enfocada en derechos humanos. “Ahí mi compromiso es, desde donde se nos permita, asegurar que la equidad y la igualdad tengan un tinte en cada acción institucional. Intento caminar bajo el diseño de amor de nuestro Señor Jesús”. Lo muestra siendo la madre adoptiva de una niña preadolescente “que es un pedacito de mi corazón”.

Pese a los desafíos, Yazmín no se detiene en su lucha por la transformación del país
Yazmín Vicente no se rinde en su lucha por lograr una República Dominicana inclusiva, donde la salud mental sea un derecho y no un privilegio.
“Mi lucha es por las niñas, por las mujeres y por cada ser humano que vive en la marginalidad. Me inspira la compasión del Papa Francisco y el legado del padre Luis Rosario, quien me enseñó que trabajar con los más pobres de nuestra sociedad es trabajar con el amor mismo de Dios mediante el Espíritu Santo”. Es fiel a su convicción.

En lo político, cree en el liderazgo de figuras con visión de transformación y justicia. “Entiendo que nuestro país merece una política humana, coherente y valiente”.
En cambio, admite que en esa área, muchas veces ha querido rendirse. “Porque la política y el servicio social pueden ser agotadores y, a veces, injustos. Pero Jesús es el ancla de mi vida y me sostiene, como lo hace también el amor gratuito de las personas a las que servimos en la Fundación Almas de Amor”. El don del servicio la empuja a no tirar la toalla.

El apoyo familiar y sus amigos, “que son los mejores”, también contribuyen a que esta mujer de temple, siga firme.
“Ellos me recuerdan que mi autenticidad, aunque a veces parezca ingenua, es mi mayor fuerza. Y cómo no resaltar que un gran tesón son esas mujeres que admiro y respeto, que me inspiran y muchas de ellas me acompañan; esas mujeres valientes que trabajan, que se levantan temprano y luchan día a día para que sus hijos estén mejor. Y mucho más a aquellas que se desviven por los demás no viviendo justamente en un lecho de rosas”. Lo dice con la sensibilidad a flor de piel.
Obstáculos vencidos para lograr metas
El mayor obstáculo ha sido desafiar los estereotipos. “Ese ‘techo de cristal’ que aún persiste para las mujeres, especialmente en la política. He vencido la tentación de la frivolidad y las ofertas que buscan que traicione mis valores. He preferido caminar con lágrimas de orgullo por no haberme fallado a mí misma, manteniendo mi integridad intacta frente a la superficialidad que a veces rodea los espacios de poder. Mi mayor victoria es seguir siendo fiel a la ‘gente buena’ que define a nuestro país, que pese a todo, cree”. A Yazmín le satisface saber que, simplemente, es un instrumento de Dios al servicio de los demás.

Esta mujer que no se rinde, cita: “Como dijo San Pablo: ‘No soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí’. Si hoy puedo contar esta historia de superación, es porque la gracia de Dios ha convertido mi vulnerabilidad en una determinación inquebrantable para sobrevivir y servir”. No puede ser indiferente al dolor ajeno.
“Mi familia es mi raíz”
Fue su primera escuela de valores. Al preguntársele sobre si tiene pareja, su respuesta fue: “Me encuentro en una etapa de plenitud y soltería, esperando el encuentro con ese ‘hombre bueno’ bajo el diseño de Dios”.
Su ideal de compañerismo es el que describe Gioconda Belli: “Busco a alguien que no tema a la entrega, vulnerable como un niño, pero fuerte en su determinación a salir adelante y limpio como una mañana de diciembre; alguien para quien yo sea hamaca en sus preocupaciones y cuna en sus silencios, y de igual manera él para mí, construyendo juntos una revolución de amor y justicia”. Sus sutiles anhelos hablan de la sencillez de una mujer que, en sus debilidades aprendió a no rendirse.