Todos vimos a Nicolás Maduro escoltado fuera de Venezuela, pero todavía no hemos visto el colapso del chavismo. Igual vemos al ayatola Jamenei morir, pero la revolución islámica de Irán todavía sigue fuerte, en pie, funcionando.
El presidente Donald Trump ha hecho un estupendo trabajo manejando el universo superficial de las apariencias para ofrecernos como fantasía lo que aún no aparece como realidad.
No han destruido el chavismo, un movimiento político surgido en 1999 en Venezuela, una nación nacida en 1811, hace poco más de 200 años.
Es improbable que Irán, descendiente del antiguo Imperio Persa, se rinda ante Israel y Estados Unidos; quien se acueste soñando eso despertará a una horrible pesadilla.
En esta aventura, Estados Unidos corre el peligro de terminar igual que Israel, totalmente despreciado en la región.
Tras la paliza de Afganistán y el agotamiento de los arsenales en la infructuosa guerra de Ucrania, Estados Unidos no tiene municiones para una guerra medianamente prolongada.
Tampoco tiene los recursos financieros para agenciarse nuevas municiones con la urgencia que las puede necesitar, desde varios puntos de vista esto tiene las características de una aventura suicida. Esto puede fallar en el campo de batalla, o en las cuentas bancarias que no puedan seguir financiando la guerra.
Los medios bocinas del establishment aseguran que “estamos ganando” porque hemos matado a personas “importantes”. Cuando empezó la guerra de Ucrania nos sirvieron la misma narrativa y fíjense donde estamos hoy.
Israel tiene armas nucleares, Irán tiene misiles hipersónicos, si los iraníes le montan una andanada a los israelitas, quizá los últimos recurran a las armas nucleares.
En ese punto ni China ni Rusia se quedarán de brazos cruzados, ese es el temor que tiene casi todo el mundo, que Israel no pueda resistir.
Ni Israel puede resistir un ataque sostenido de misiles hipersónicos iraníes, ni Estados Unidos puede resistir largo tiempo consumiendo misiles que no tiene.
Quizá la India sea el mediador entre las partes, para buscar una solución negociada.
Si a Trump le empiezan a llegar cadáveres en bolsas plásticas, eso no lo ayudará en las elecciones del 2026 ni en las del 2028, y él lo sabe.