El sábado Estados Unidos e Israel bombardearon Irán asesinando a Jamenei, líder religioso y cabeza de la República islámica junto a 49 altos cargos militares y personal civil en un intento por derrocar al régimen teocrático que lleva 47 años en el poder luego de humillar a USA con la toma durante más de un año de su embajada en 1979 en Teherán, que incluyó un desastroso intento de rescate fallido; el país persa, no obstante el sorpresivo y significativo daño a su cúpula de dirección, respondió al día siguiente atacando masivamente a ocho monarquías petroleras, a Israel y Chipre, esta última de la Unión europea bajo la sombrilla en defensa del Reino Unido. Ello indica que esa respuesta estaba prevista.
Se reportó 550 muertos de parte de Irán, la mayoría niñas que se encontraban en su colegio y de la otra parte, unos 20 entre israelíes, norteamericanos y de los países atacados, así como 52 palestinos a causa de la entrada en la guerra de Hezbola: Ante la magnitud de los bombardeos, de ambas partes, es obvio que los objetivos eran militares y económicos, no humanos, excepto el error criminal de las 153 niñas iraníes.
El daño a objetivos militares en Irán anunciado por USA es grande, 10 buques, centros de mando, sistemas de defensa, equipo militar en tierra y aviones derribados, pero no parece que haya anulado la capacidad de respuesta, sobre todo la de ataques con misiles, un inventario notable con capacidad de daño que parece haber sido minimizado.
En esta agresión los persas no están llamados a ganar la guerra, solo a sobrevivirla causando el mayor daño posible y, en ese sentido ya lo hay, pues la economía mundial se resiente con aumento en los precios de los combustibles provenientes de un petróleo que en enero costaba USD$, 67.00 y este martes rondaba los USD$ 82.94 en promedio a media mañana. El resto del comercio que transita por el estrecho de Ormuz también pagará su cuota en el precio de la guerra, pero, sobre todo, en los países del golfo, el costo mayor – no compensable por los ingresos del petróleo caro – está en la enorme inversión en turismo realizada en las últimas décadas que ahora por ser zona de guerra, colapsará. Esa parte USA parece no haberla previsto como probable.
Calcular mal la resiliencia del enemigo es un grave error, la teocracia reprodujo su liderazgo en un día y reaccionó militarmente con contundencia, por ello ya no se habla de derribar el desagradable régimen, sino de acabar con su eventual poderío “nuclear” del que no hay pruebas, como no las hubo de las armas de destrucción masiva en Irak, acabar con la Guardia Revolucionaria y la producción de misiles balísticos de largo alcance. Resulta contradictorio que el Premier israelí anuncie que Irán estaba a un mes de tener una bomba nuclear, cuando hace pocos meses, en la guerra de los 12 días se dijo que esta había sido “arrasada” y postergada diez años su capacidad de producción.
El Presidente Trump, luego de cambiar el mundo a través de su guerra arancelaria iniciada hace un año cuyos resultados, aunque reconfiguraron el mundo, no están claros para Estados Unidos cuyo PIB perdió empuje, en donde el desempleo se afeó y la inflación aumentó, excepto por los precios de la gasolina, que ahora aumentarán y luego de doblegar a Rusia, empantanada en Ucrania y a China, con Cuba y Venezuela, reconfigura a través de su obrero militar, Israel, el Oriente Medio, de donde no sólo proviene la mayor parte del petróleo utilizado en el mundo, sino en particular, por China que importaba casi todo el petróleo de Irán y de Venezuela, ella es el objetivo final de su cruzada America First y, en ese punto ha estado clarísimo, lo que no implica que no esté equivocado.
USA logró su principal objetivo, matar al Imam Jamenei e Irán, también, convertir la agresión en una guerra regional que el primero debe resolver rápidamente pues los ataques tienen apenas un 27% del apoyo de la ciudadanía norteamericana y todo parece indicar que el éxito de Venezuela con la extracción de Maduro, no se repetirá, sobre todo porque los aliados en el golfo no son los países de América Latina, son ricos y están tan acostumbrados a vivir bien y no querrán pagar el costo de una guerra larga. Las elecciones de noviembre están a la puerta y, si cambia la matrícula del Congreso, un juicio político será una pesadilla diaria.
Todos queremos un cambio de régimen en Irán, pero allí no hay Delcy Rodríguez ni María Corina Machado que, esta última a fin de cuentas, fue dejada fuera del tablero: Es una teocracia, no una dictadura y, no existe la más mínima cultura democrática. Las únicas referencias de modernidad las estableció el Sha Reza Palhevi hace más de 50 años: Ya nadie recuerda a una mujer sin velo, en falda o en pantalones en sus calles.
Lo sabio no siempre se impone en el tablero geopolítico en que hay intereses y egos fuera de control, empero ojalá ambas partes se den por ganadores y pronto se llegue a ceses de hostilidades porque en un escenario de mediano plazo, ambas partes, Estados Unidos e Israel, pueden ver como los bonos del éxito inicial se evaporan, aunque destruyan Irán pues los países vecinos, ante los daños económicos, reaccionan, mientras Irán, acostumbrada a una vida de subsistencia, resiste el tiempo suficiente para que la democracia pase cuentas al Ejecutivo norteamericano en las elecciones de noviembre.
Entretanto la economía del mundo estará pagando un altísimo precio por un conflicto del que no es parte; ya, con sólo tres días de guerra tras la agresión, el PIB del mundo se revisará a la baja y eso significa mas pobreza, altos precios y escasez, para todos.