Cuando se inicia una guerra hay que tener táctica y estrategia. Si ganas ambas eres el triunfador. Su ganas la táctica, pero pierdes la estratégica, te metes en serios problemas.
Los primeros ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán fueron demoledores y descabezó gran parte de su dirigencia política y militar, incluyendo la muerte de Ayatolla Ali Jamenei. Sucedió en minutos con un éxito táctico sin precedente. Pero más que derrotar a Irán, este primer ataque lo obligó a reorganizarse, elegir un Ayatolá más radical y contratacar por donde más duele: El petróleo y el gas. Sus misiles y drones se dirigieron, no solo contra Israel, sino principalmente a los países árabes del Golfo Pérsico (refinerías, plantas desalinizadoras y bases de Estados Unidos). El flujo de petróleo cae un 60%.
En pocos días, Irán pierde su marina, su aviación y muchas instalaciones militares y el presidente Trump declara “ganamos la guerra ya no hay nada que destruir en Irán”, pero Israel afirma que Irán posee más de 150 bases de misiles activas.
Entonces llegó lo peor. Irán cierra el estrecho de Ormuz y ataca varios barcos petroleros, disparando el precio del Brent a más de 100 dólares el barril y el WTI sobre 95 dólares. Los G7 liberaron 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas y Estados Unidos 170 millones, pero el precio siguió subiendo. ¿Qué pasará cuando esas reservas se agoten en dos semanas? Si la guerra continúa más allá de marzo, con Irán atacando con mayor precisión objetivos estratégicos, con ayuda satelital de Rusia y China, el petróleo podría alcanzar los 150 dólares y el gas, el doble de su precio actual.
Rusia, el ganador indiscutible de esta guerra, ingresa a sus arcas miles de millones adicionales por la venta de gas y petróleo, teniendo luz verde para venderle a la India y otros países. Adiós a las sanciones a Rusia por invadir Ucrania. Mientras tanto, la gasolina sube 17% en Estados Unidos y el gas 45% en Europa. Definitivamente, aun destruida, Irán está ganando la guerra en términos estratégicos porque los precios de la energía y los combustibles están abriendo las puertas a una profunda recesión económica mundial. ¿Por qué Estados Unidos se metió en esta maldita guerra bajo falsas premisas, gastando miles de millones diarios con una deuda pública casi impagable? Presidente Trump, usted obtuvo su victoria táctica, pero salga a tiempo de esa trampa. ¿Pérdida de vida? Todos mienten.