El más reciente informe sobre el estado de la gobernanza global, el Democracy Report 2026, ha encendido las alarmas en la comunidad internacional. El estudio advierte que la democracia, como sistema político predominante, ha retrocedido a niveles comparables a los de 1978, un dato que refleja un deterioro sostenido en libertades civiles, separación de poderes y calidad institucional en múltiples regiones del mundo.
El informe, elaborado por el V-Dem Institute, documenta cómo en las últimas décadas se ha consolidado una tendencia preocupante: más países experimentan procesos de autocratización que aquellos que avanzan hacia mayores niveles de apertura democrática. Este fenómeno no se limita a regiones tradicionalmente inestables, sino que también alcanza a democracias consolidadas que hoy enfrentan tensiones internas, polarización política y debilitamiento de sus instituciones.
En este contexto sombrío, emerge una excepción notable: la República Dominicana. El informe la ubica dentro del reducido grupo de naciones que no solo han resistido la ola regresiva, sino que han logrado mejorar la calidad de su sistema democrático. Este reconocimiento no es menor, pues implica avances tangibles en áreas clave como la transparencia institucional, la independencia judicial, la integridad electoral y el respeto a los derechos fundamentales.
Detrás de este desempeño sobresaliente, el papel del presidente Luis Abinader ha sido determinante. Su administración ha impulsado reformas orientadas a fortalecer la institucionalidad, promoviendo una mayor independencia del sistema judicial y respaldando procesos que limitan prácticas históricas de concentración de poder. Bajo su liderazgo, se ha consolidado una narrativa de respeto a la legalidad y de combate a la corrupción, factores esenciales para recuperar la confianza ciudadana.
Asimismo, el gobierno ha favorecido un clima de mayor transparencia en la gestión pública, permitiendo que organismos de control y la sociedad civil desempeñen un rol más activo. Esta apertura ha contribuido a establecer contrapesos efectivos, reduciendo los márgenes para retrocesos democráticos. En un contexto global donde muchos liderazgos tienden a debilitar las instituciones, la apuesta por su fortalecimiento marca una diferencia sustancial.
El caso dominicano resulta particularmente significativo si se analiza dentro del entorno regional. América Latina, históricamente marcada por ciclos de inestabilidad política, enfrenta hoy desafíos complejos: desde crisis de legitimidad hasta tentaciones autoritarias. En ese escenario, que un país logre consolidar prácticas democráticas más sólidas habla de una voluntad política sostenida y de una ciudadanía cada vez más exigente con sus gobernantes.
El Democracy Report 2026 destaca que uno de los factores determinantes en los avances de la República Dominicana ha sido el fortalecimiento de sus instituciones. La apuesta por una justicia más independiente, junto con procesos electorales más confiables, ha contribuido a elevar la credibilidad del sistema. Asimismo, el control social ejercido por medios de comunicación y organizaciones civiles ha servido como contrapeso ante posibles desviaciones del poder.
Sin embargo, el informe también invita a la prudencia. Ser una excepción positiva en un entorno global adverso no garantiza inmunidad frente a los riesgos. La historia reciente demuestra que los retrocesos democráticos pueden ocurrir de forma gradual, muchas veces bajo apariencias de legalidad. Por ello, el desafío para la República Dominicana no es solo mantener los avances logrados, sino profundizarlos y blindarlos frente a eventuales amenazas.
A nivel global, el panorama descrito por el Democracy Report 2026 obliga a una reflexión urgente. La democracia, lejos de ser un logro irreversible, se revela como un sistema que requiere vigilancia constante, renovación institucional y compromiso ciudadano. La erosión de normas democráticas, la desinformación y la concentración de poder son señales de alerta que no pueden ser ignoradas.
En este sentido, el ejemplo dominicano puede ofrecer lecciones valiosas. Demuestra que, incluso en tiempos de retroceso generalizado, es posible avanzar si existe voluntad política, instituciones funcionales y una sociedad activa. No se trata de un modelo perfecto, pero sí de una evidencia de que el fortalecimiento democrático es alcanzable.
En conclusión, mientras gran parte del mundo enfrenta una preocupante regresión democrática, la República Dominicana se posiciona como un punto de luz en medio de la incertidumbre. El reto ahora será sostener ese liderazgo, consolidar sus logros y continuar demostrando que la democracia, cuando se cuida y se fortalece, sigue siendo el mejor camino hacia el desarrollo y la estabilidad.
El autor es cónsul dominicano en Madrid, España