Las entrevistas que realiza el Consejo Nacional de la Magistratura, CNM, a los aspirantes a integrar la Suprema Corte de Justicia, puede parecer una gran pérdida de tiempo, para mí, lo es.
Lo que allí a acontece no parece ser determinante para la selección final de quienes integrarán esa alta corte, es más bien un ejercicio cosmético que da la impresión de una elección democrática, basada en capacidad y méritos.
Pero al llegar allí, está claro que los integrantes del CNM tienen ya sus propias valoraciones y sus candidatos preferidos, de forma tal que se puedan repartir las posiciones disponibles.
Por primera vez en mucho tiempo, parece haber un consenso en torno a la elección del presidente de la Suprema Corte de Justicia, contando, como se ha dicho, con el beneplácito del presidente Luis Abinader, con la positiva ponderación del ministro de Justicia, y de 112 abogados de diferentes corrientes, está claro que Fernando Langa no necesita ningún otro apoyo para presidir ese organismo.
Los demás jueces a ser electos están llamados a ser provenientes de sistema judicial, con lo cual el proceso resulta una pérdida de tiempo para los abogados postulados que no son jueces de carrera.
Es ahí donde la selección que haga el CNM deberá ser más justa y equilibrada.
Como decía en un artículo anterior, es deseable que el CNM haga una elección justa y equilibrada, que tome en cuenta las capacidades profesionales, por encima de las cercanías partidarias.
En el primer grupo de entrevistados se encuentra la magistrada Miguelina Beard, puertoplateña, brillante y con una hoja de servicios intachable, quien actualmente integra la Corte de Apelación de Puerto Plata.
Desde esta humilde tribuna nos atrevemos a decir que es una de las magistradas que merece ser parte de la nueva composición de la Suprema Corte de Justicia, porque la conocemos y sabemos de su integridad y capacidad, cada quien habla de lo que conoce. El gran reto de ese organismo es el de premiar la capacidad, la probidad y las trayectorias ejemplares, que las hay, de sobra, entre los jueces que aspiran a subir un escalón en su carrera judicial.
Que la tentación del reparto que siempre estará presente en un organismo que está conformado por fuerzas políticas y representantes del propio poder judicial, tome en cuenta en primer lugar las competencias profesionales, la trayectoria y la seriedad, de quienes se patrocine desde cada uno de los sectores con incidencia en este proceso.
Por más que se diga, la verdad es que a partir de 1997, con la integración del primer Consejo Nacional de la Magistratura, la justicia dominicana ha avanzado.
El reto en esta elección es ese, que siga avanzando para bien. Si no es mucho pedir.