No todos los hombres que contribuyeron a fundar la República Dominicana compartieron una misma idea de la República que debía surgir.
Esta circunstancia, que pudiera parecer paradójica, constituye una de las claves para comprender nuestra independencia y las profundas contradicciones políticas que acompañaron los primeros años de vida nacional.
La República nació de la convergencia de voluntades diversas. Pero aquella coincidencia, indispensable para alcanzar la separación de Haití, no consiguió borrar las diferencias entre quienes concebían la independencia como el ejercicio pleno de la soberanía nacional y aquellos que consideraban necesaria alguna forma de protección extranjera.
En ese escenario de acuerdos y antagonismos, de aspiraciones patrióticas y disputas por el poder, sobresale una figura cuya trayectoria continúa suscitando interpretaciones encontradas: Tomás Bobadilla y Briones.
Abogado, jurista, funcionario y político experimentado, Bobadilla fue uno de los protagonistas de los acontecimientos de 1844 y desempeñó responsabilidades fundamentales en la organización inicial del Estado dominicano. Su participación en aquellos sucesos resulta indiscutible, aunque no ocurre lo mismo con la valoración de todas sus actuaciones posteriores.
De ahí el interés de la obra presentada el pasado lunes 19 de octubre: “Tomás Bobadilla y Briones. Padre cofundador de la República Dominicana” escrita por Carlos Justo Carrión Bobadilla.
El autor de la obra es descendiente directo, en séptima generación, del personaje cuya vida se propone reconstruir.
No estamos, por consiguiente, ante una investigación nacida exclusivamente de una inquietud intelectual. Hay también en ella una motivación familiar, un vínculo afectivo que atraviesa sus páginas y que el autor reconoce expresamente.
Carlos Justo Carrión Bobadilla emprendió una tarea singular: volver sobre la vida de uno de sus antepasados y examinar el lugar que le corresponde en la formación de la nación dominicana.
Reconstruir el pasado de una familia es, muchas veces, enfrentarse a los silencios y las incertidumbres de la memoria. Cuando ese pasado se encuentra ligado a los acontecimientos fundacionales de una nación, la tarea adquiere una responsabilidad todavía mayor.
El autor ha asumido ese desafío con una convicción que recorre toda la obra: Tomás Bobadilla merece una valoración más favorable de la que tradicionalmente ha recibido.
Esa intención reivindicativa constituye el hilo conductor del libro y explica tanto la selección de sus argumentos como el énfasis concedido a determinados episodios de la trayectoria del personaje.
La publicación comprende siete capítulos que recorren un amplio período de nuestra historia, desde las transformaciones coloniales de finales del siglo XVIII hasta las vicisitudes políticas del siglo XIX, incluyendo la independencia, la Primera República, la Anexión a España, la Guerra Restauradora y los gobiernos posteriores.
Merece destacarse la inclusión de discursos de Bobadilla comentados por el autor, así como de documentos y materiales complementarios, entre ellos el Manifiesto del 16 de enero de 1844, informaciones genealógicas y una relación de las principales batallas libradas durante los primeros años de la República.
En sus palabras finales Carrión Bobadilla propuso que se erija un cenotafio a Tomás Bobadilla en el Panteón de la Patria.