Cada 1 de enero vemos fuegos artificiales, abrazos, propósitos y un país que, por unas horas, cree que todo es posible. Pero cuando se apaga el brillo y vuelve la rutina, queda una pregunta inevitable: ¿estamos dispuestos a hacer lo necesario para que este año sea realmente distinto?
Entre tú y yo, la República Dominicana no está limitada por falta de talento ni por recursos; está limitada por la calidad y continuidad de sus decisiones. No es la capacidad lo que frena, es la falta de prioridades sostenidas.
Hemos avanzado, sí, pero avanzar no basta cuando las necesidades crecen más rápido que los resultados. La esperanza inspira, pero no sustituye la planificación. El discurso entusiasma, pero no reemplaza la ejecución. Ya no tenemos margen para improvisar ni para ciclos de entusiasmo que se evaporan en pocas semanas. Si queremos un país distinto, necesitamos decisiones distintas. Claras, firmes y sostenidas.
En tiempos de poco margen, decidir bien vale el doble
Los números hablan aunque queramos ignorarlos. La deuda pública ronda casi la mitad del PIB; los déficits fiscales se repiten; el sistema eléctrico pierde cerca del 40 % de lo que compra. No es un escenario trágico, pero sí una alarma que lleva años encendida. Cada peso mal invertido es una oportunidad perdida para educación, seguridad, salud o productividad. El reto no es gastar más, es gastar mejor.
La seguridad ciudadana debe pasar de operativos esporádicos a inteligencia predictiva. La seguridad real no es la que llega después del delito, sino la que evita que ocurra.
Y junto a ella, oportunidades para la juventud: formación técnica útil, dominio del inglés, empleos del siglo XXI, innovación y tecnología. Nadie construye futuro desde la frustración.
Las mipymes —esa columna silenciosa del empleo nacional— necesitan oxígeno: crédito accesible, menos trabas, digitalización y una ruta clara hacia la formalidad. Cuando una mipyme prospera, progresa un barrio; cuando se asfixia, retrocede una familia.
Ordenar la casa: prueba de madurez nacional
La justicia fiscal no es cobrar más, es cobrar con equidad. La evasión erosiona la confianza y las exenciones eternas ya no tienen sentido económico. Un sistema donde siempre pagan los mismos es injusto e insostenible.
El presupuesto no debe ser catálogo de promesas, sino hoja de ruta medible y disciplinada. El desarrollo no se declara, se ejecuta.
El sistema eléctrico es el termómetro de nuestra seriedad. Mientras sigamos perdiendo casi la mitad de la energía que pagamos, seguiremos comprometiendo recursos que mañana necesitaremos para hospitales, escuelas y carreteras.
También debemos enfrentar la migración irregular, las obras detenidas y el endeudamiento creciente. Esto no es política: es supervivencia institucional.
Entre tú y yo, el país está listo. Tiene gente capaz, jóvenes con hambre de futuro y una economía con potencial. Lo que falta no es talento, es voluntad sostenida.
2026 puede ser el año del cambio real, pero solo si cambiamos nosotros — gobierno, empresarios y ciudadanía.
Los años cambian solos; los países no.
El 2026 ya comenzó, pero el verdadero inicio será el día en que empecemos a actuar con responsabilidad y visión.
Entre tú y yo… el tiempo de mejorar es ahora.
Contacto: joaquinjoga@gmail.com