Se atribuye al Emperador haber dicho “La historia, esa gran mentirosa”, y vaya que lo sabía el corso, conocedor de que la historia era una fábula sobre la que se habían puesto de acuerdo los ganadores.
Los adjetivos calificativos modifican al sustantivo, y “expresan generalmente cualidades o propiedades de lo designado por el nombre”. Así las cosas, utilizar el adjetivo “histórico”, en tiempo presente, implica –conscientemente– una doble manipulación de la verdad.
La primera, supone una evaluación del marco temporal de la acción que, más allá de la “larga duración” o “corta duración” de Braudel, necesariamente incorpora en su base la existencia de un análisis que ha ponderado en una línea de tiempo todas las variables, correlacionándolas con sus circunstancias y contextos particulares. Algo que, evidentemente, no se ha hecho.
La segunda manipulación es maniquea, pues, al decir “histórico” para referirnos a algo ejecutado en tiempo presente, se niega todo lo anterior y se afirma que, en una futura recapitulación de los hechos, lo único que importará será ese hecho “histórico” en cuestión. Entonces, aquí el significado y el significante se dan la mano y la tergiversación de la verdad se configura.
Decir qué es histórico y qué no, les corresponderá a los historiadores del futuro, no a los aduladores del presente, porque, tal como don Américo Lugo dijera a Trujillo, “los sucesos no son materia de la historia sino cuando son materia muerta. Lo presente ha menester ser deputado y sólo el tiempo destila el licor de la verdad”.
Al respecto, cansa el uso del adjetivo “histórico” que escuchamos en discursos oficiales, inauguraciones, primeros picazos, peroratas por encargo o falsas tendencias de redes sociales, cada vez que este o aquel funcionario hace esto o aquello (algo que, casi siempre, se encuadra dentro del marco de sus funciones y para lo cual les pagan).
El problema común es cuando el uso reiterado del adjetivo “histórico” genera el “efecto de la verdad ilusoria”, un sesgo cognitivo que hace que la repetición consistente de un atributo cree en el grupo la falsa percepción de que la realidad es un reflejo de este. El problema mayor es que, al tomarse las decisiones futuras desde la lógica de ese momento “histórico” que se vive, se pierde el contacto con la realidad y las mismas pueden ser contraproducentes o erróneas, y, a cuanto mayor, peor.
Muchos funcionarios actúan inspirados por el carácter histórico, único e irrepetible de sus ejecuciones. Otros, a juzgar por sus expresiones, están absolutamente convencidos de que la República Dominicana surgió desde el fondo del mar el 16 de agosto de 2020.
Hay que bajarle un poco a los adjetivos y subirle más a la ejecución; dejar de usar “histórico”, “por primera vez”, “nunca antes”, etc., y pensar que en el futuro los verdaderos historiadores vendrán y contarán la verdadera historia, sobre la base de hechos y acciones, no palabras.