La que llegó el pasado miércoles 1 de abril a Haití no fue una misión de paz, sino una fuerza de choque diseñada para descabezar primero al liderato de las bandas criminales organizadas en Haití.
Ya el primer ministro haitiano Alix Didier Fils-Aimé unificó la semana pasada, en un consejo de gobierno, a militares, policías e instituciones generales para las batallas que se aproximan.
Con esto, y mientras la fuerza multinacional se prepara para una ofensiva letal de “bombazos y metralla”, la República Dominicana se enfrentará a un gran desafío de seguridad, porque tendrá que evitar que el desplome de las bandas haitianas se convierta en una infiltración masiva de criminales hacia este lado de la isla.
De que esto quede más que claro a todos, soldados, policías, fuerza migratoria, entes de inteligencia y ciudadanía general, depende nuestra estabilidad y seguridad mañana, el futuro común como ciudadanos.
El despliegue de la fuerza multinacional en Haití no busca mediar entre bandos en conflicto, sino neutralizar a grupos criminales que están a un paso de tomar el control total de la capital.
Con el inicio de los enfrentamientos directos, las repercusiones en el lado dominicano deben ser ya la principal preocupación en los círculos de seguridad nacional.
Ante una ofensiva de alta letalidad, el desplazamiento de criminales hacia zonas de menor resistencia es una posibilidad real que coloca a la frontera dominicana en la primera línea de riesgo.
Esta franja, que un equipo de Listín Diario recorrió a lo largo de sus 391 kilómetros de terreno accidentado, desde la falda de Pedernales hasta la desembocadura del río Masacre, en Manzanillo, presenta desafíos geográficos críticos que los líderes pandilleros podrían intentar explotar.
El mayor peligro reside en que estos delincuentes, al verse acorralados, podrían intentar evadir la confrontación camuflándose en los flujos migratorios civiles o utilizando pasos informales, que son muchos.
Además, el manejo de grandes recursos económicos por parte de estos grupos aumenta el riesgo de intentos de soborno en los puestos fronterizos o el uso de redes de tráfico humano ya establecidas, que también son abundantes en números.
Si estos elementos logran cruzar, el impacto para el país sería inmediato. No se descarta que intenten establecer células de apoyo logístico o estructuras de lavado de dinero en suelo dominicano.
El temor más profundo es la posible conexión entre estos líderes haitianos y bandas locales de microtráfico, intercambiando armas por refugio o rutas de escape hacia el Caribe y Estados Unidos.
Para aminorar estos escenarios peligrosos y preocupantes, el Gobierno ha implementado medidas preventivas de alto nivel y ha desplegado a miles de soldados adicionales a la frontera.
Desde febrero de 2025, las bandas haitianas son consideradas formalmente como “organizaciones terroristas”, lo que permite juzgar a sus miembros bajo leyes severas sin beneficios procesales comunes.
Se ha reforzado el registro de huellas y reconocimiento facial, sumado al uso de drones y sensores de movimiento en los puntos de control del muro fronterizo. Las fuerzas militares mantienen una alerta máxima para evitar que el país sea utilizado como ruta de escape.
Aunque la captura de figuras de alto perfil como “Barbecue”, para sólo mencionar un caso, en suelo dominicano representaría un triunfo de inteligencia, también implicaría desafíos complejos en términos de extradición y seguridad carcelaria.
Para la República Dominicana, la ofensiva en Haití es una “espada de doble filo”, porque si bien la pacificación de Haití es el objetivo ideal a largo plazo, a corto plazo obliga a un estado de alerta total.
El país no solo debe impedir la entrada de prófugos, sino evitar a toda costa que estos criminales importen a suelo dominicano el modelo de criminalidad organizada que ha devastado a Haití.
El Alto Mando de las Fuerzas Armadas de Haití (FAd’H) decretó el paso a la «Condición D», el nivel máximo de alerta de la institución, a partir de hoy lunes 6 de abril, una decisión que se produce en medio del recrudecimiento de la violencia, informó el Ministerio de Defensa del país la madrugada de este viernes.
Una cable de la agencia EFE indicaba a finales de semana que esta decisión se adopta tras la llegada el pasado miércoles de los primeros efectivos de la Fuerza de Supresión de Pandillas, creada por la ONU, en un clima de inseguridad marcado por la violencia de las bandas criminales.
Ese mismo día la Policía Nacional de Haití (PNH) informó de enfrentamientos armados con pandilleros en el marco de una “gran operación” en el departamento de Artibonito, situado al norte de la capital y donde ocurrió la masacre de al menos 70 personas en un ataque atribuido al grupo armado Gran Grif.
“En previsión de las inminentes operaciones militares sobre el terreno, el Alto Mando ordena el paso a la Condición D para el conjunto de las unidades y organizaciones militares en todo el territorio nacional, a partir del lunes 6 de abril de 2026”, indicó la institución en un documento oficial.
Esta orden general va acompañada de medidas obligatorias que entran en vigor de inmediato y deben observarse estrictamente, entre ellas la llamada a filas, la suspensión de permisos y vacaciones, el uso del uniforme reglamentario y la puesta en seguridad de las instalaciones.
“Cada militar debe asegurarse del buen estado de funcionamiento de su armamento individual y de su equipo de protección. Los oficiales de guardia deben mantener la vigilancia de radio y telefónica las 24 horas del día. (…) Se establece una política de tolerancia cero», detalla el memorándum.
Hoy lunes, a partir de las 8:00 a.m., todos los militares deberán presentarse en sus respectivos cuarteles y se exigirá una disponibilidad total del personal. Quedan suspendidos todos los permisos, licencias y exenciones hasta nuevo aviso, informaron las autoridades militares.
Asimismo, es obligatorio el uso del uniforme completo para cualquier desplazamiento (entradas y salidas) dentro de los recintos militares.
También, se aplicará de forma rigurosa un control “reforzado y sistemático» de los vehículos y del personal en los puntos de acceso a las bases, también se establece que el mantenimiento de los registros de guardia, así como la elaboración de la documentación precisa sobre cualquier evento operativo, deberán realizarse con el «mayor rigor”, estableció el Alto Mando de las Fuerzas Armadas.
Ante todos estos movimientos y preparativos de guerra intestina en Haití, sólo resta estar alertas y velar para que República Dominicana se prepare para evitar que las desgracias infinitas de ese país hagan nido en este lado.