Millones de años de evolución configuraron el pensamiento lineal como mecanismo para la resolución de problemas. Lo que funciona para los individuos aplica para las sociedades. La historia muestra ejemplos de países que colapsaron porque no se adaptaron a los nuevos desafíos que el clima o la geopolítica planteaban; porque entendieron que abrirse al cambio era una amenaza, no una oportunidad de mejora.
En el mundo de la consultoría de procesos de los años 60´s –antecesores de los guruses, coaches y monjes que vendieron sus Ferraris–, se popularizó la idea de “pensar fuera de la caja” (Thinking out the box) como una metáfora que obliga a pensar fuera del molde tradicional que nos encasilla; a pensar más allá de las variables dadas; a imaginar un mundo de posibilidades al otro lado de los límites de lo “normal”, de lo que “funciona”, de lo que “siempre ha sido así”; un nuevo marco mental que nos conmina a pensar más allá de las reglas de juego y crear nuevas reglas.
El “Juego de los Nueve Puntos” (la caja) sólo puede resolverse pensando fuera de ellos. El truco está en no pensar “normal” y atreverse a pensar de manera extraordinaria.
Por eso no está mal que el presidente vaya a Panamá y participe en el “XII Congreso Mundial de la Organización Mundial de Zonas Francas (World FZO)”, porque no sólo lo obliga a salir del país, tomar un respiro y coger un descanso; uno que le hace ver nuestra realidad desde otro punto del espacio; uno que le hace salir del valle de los sesgos en que el poder obliga a habitar a quienes le sirven.
De la misma forma que está muy bien que el ministro del MICM, Yayo Sanz Lovatón, aproveche el escenario para abordar “los desafíos y oportunidades de las zonas francas ante la transformación del comercio global, el nearshoring, la innovación y la digitalización”. Porque como bien dice Yayo: “Las zonas francas ya no pueden limitarse a ser regímenes fiscales o espacios de manufactura tradicional, deben evolucionar hacia plataformas de innovación, manufactura avanzada, logística y servicios globales”.
Este gobierno, desde sus inicios, ha pensado un modelo de zonas francas 2.o como una revolución cualitativa de un mercado en el que hemos sido competitivos y exitosos, pero que debemos mejorar, ampliar, diversificar y profundizar. Si la geopolítica y la geología hacen que nuestra región sea nuevamente importante, debemos apostar a ese cambio.
Crear infraestructuras, capacitar nuestros recursos humanos, fortalecer la institucionalidad y la gobernabilidad, son claves para atraer inversión extranjera al país, ampliar las empresas de zonas francas y expandir todo nuestro potencial como actor principal y estratégico en el Caribe.
Pensar fuera del molde de la cotidianidad, creer e invertir en otras opciones de desarrollo y crecimiento, comienza pensando diferente; comienza mirando un futuro distinto y mejor, del otro lado del horizonte, y luego caminar hacia allí, sin miedo.