Con aciertos y errores, los mercados siguen siendo el mecanismo más eficiente de asignación de recursos, y constituyen un instrumento que permite visualizar en el presente los pliegues del futuro. Así las cosas, los mercados toman nota hoy sobre lo que podría ocurrir mañana.
Obviamente que se pueden manipular, pero el propio sistema consigna como faltas muy graves las manipulaciones realizadas por agentes económicos, reguladores o políticos, con tal de hacerlo subir o bajar mediante rumores, noticias falsas, revelaciones, o cualesquiera maniobras que procuren una configuración de precio distorsionada de la realidad que están supuestos a reflejar.
Con el precio de los contratos de petróleo crudo WTI bajando ayer hasta US75.86 (15:14:00 CDT), el mercado no hizo más que tomar nota del “inminente” acuerdo entre Estados Unidos e Irán que será suscrito este viernes en Ginebra; señalando su pertinencia de cara a brindar certeza y tranquilidad a los agentes económicos; a la par que nos indica que el camino hacia el punto previo al 28 de febrero comienza a transitarse.
En decenas de ocasiones escuchamos que la guerra estaba ganada o terminada, sin embargo, 109 días después de iniciado el conflicto, los hechos no sólo constatan que todos los triunfalismos fueron exagerados, sino que ninguno de los objetivos estratégicos que se buscaban, pudieron ser alcanzados.
David no venció a Goliat… pero Goliat tampoco pudo imponerse. Decir que hubo empate sería erróneo. Para Estados Unidos, correlacionado con el tamaño de su economía, fortaleza militar y capacidad destructiva, los resultados del conflicto son subsanables y manejables en todos los órdenes… menos en el político. Para Irán, era cuestión de vida o muerte y estuvieron dispuestos a todo. La verdadera bomba atómica fue cerrar Ormuz –una arteria planetaria–, porque todo el mundo sabe lo que ocurre cuando se entapona una arteria.
Los iraníes jugaron al tiempo, y, para una religión que considera el martirologio como una parte central de su sistema de creencias, resistir y morir en la lucha, constituye una validación de todo el sistema de poder de los ayatolas. A diferencia de los principales conflictos entre centros y periferias de los últimos 100 años, esta vez la economía está demasiado interconectada, interdependiente, cercana y vulnerable.
Mientras Trump amenazaba con borrar una civilización, los iraníes estaban dispuestos a descarrilar el sistema económico y financiero mundial. El capitalismo salvaje fue víctima de su propia ambición. Su mayor debilidad fue el miedo de perder, no una guerra que en términos militares podría ganar, sino la estabilidad económica en casa… y que esto se tradujera en resultados electorales adversos en noviembre
Este viernes (o en los días por venir), con o sin Netanyahu, habrá un acuerdo, porque la lógica del capital condiciona la lógica política. El asunto está en poder sacar la pata sin que quede en evidencia qué tan hondo se metió. Lo demás serán discursos, fotografías, papeles y firmas.