Lo que hace atractivo un negocio es la capacidad que se tiene para vender más unidades, lo más caro posible y tener un retorno de la inversión y una rentabilidad sostenible en el tiempo.
Cuando se intenta el liderazgo en el mercado donde se compite, entran en juego elementos que muchas veces redefinen la forma de operar. Las innovaciones, los remozamientos de productos, la creatividad empresarial, y sobre todo los proyectos de mejora y ahorro de costos, a los que siempre están sometidos los actores económicos.
Ahora con los agentes de IA y las automatizaciones, luego de afinar los procesos correctos, la reingeniería vuelve al ruedo, y los líderes del mercado aprovecharan la “súper productividad logrando hacer mucho más, con mucho menos”.
Ser competitivos necesariamente involucra elementos claves tales como: la calidad del producto y el servicio, la garantía, los precios de venta, la ventaja competitiva sostenible, y hasta la misma ventaja comparativa que pueda ofrecer un país o una región.
Es fácil pensar por ejemplo en República Dominicana cuando se habla de playas, sol, turismo, peloteros de alta calidad. Para citar algunos ejemplos donde se destaca alguna marca país, alguna ventaja comparativa.
Pero independientemente de estos atributos, están las ventajas que de manera particular pueden ofrecer las empresas, los atributos especiales de sus productos y servicios, la diferenciación que pueda plasmarse en el posicionamiento estratégico de los mismos y las fortalezas que en materia de negocios y participación de mercado se pueda tener. Cuando las empresas crecen gracias a la expansión de su volúmenes de producción y ventas, y además de esto se internacionalizan, sus costos de operar se incrementan y también casi siempre se hacen acompañar de recursos humanos con las competencias técnicas y genéricas adecuadas, para poder continuar desarrollándose, creciendo, logrando mayor rentabilidad. Ahora los agentes de IA también competirán con usted. Acompañando esa internacionalización esta la economía de escala y alcance, la consolidación de operaciones, con estrategias reales de globalización especializando su cadena de valor.
Buscar y sostener una ventaja competitiva es y será siempre un motor para la toma de decisiones corporativas y de gestión local, en las empresas que se administran con criterios de vanguardia.
Pero también la sobrevivencia es fundamental en el pensamiento empresarial. Y no me refiero al famoso criterio de empresa en marcha, donde se supone que un negocio abre su puertas para permanecer no para desaparecer.
Sin embargo, el ciclo de vida de los productos y empresas, la obsolescencia tecnológica y la incapacidad de reconvertirse adoptando las mejores prácticas y las más productivas, muchas veces terminan de acelerar el ciclo de vida de bienes, servicios y hasta de empresas. Aunque algunas se mantienen operando, conformándose con defender algún nicho no ambicioso de mercado.
La frase conocida por muchos de que el pez grande se come al chiquito, no deja de tener aplicabilidad en el mundo empresarial. La capacidad de compra, la economía de escala, el poder de las fuerzas competitivas, va desplazando a los más pequeños, eso ha sido parte de la historia.
Sin embargo, lograr ser realmente competitivos manteniendo posicionamiento y participación de mercado y honrando a los accionistas con el retorno de su inversión y el pago de sus dividendos, es realmente un gran reto sobre todo las empresas mejor gestionadas.
Los mejor gestionados, siempre valoran el clima de negocios en los países donde abren o mantienen sus puertas abiertas. Se entiende, que a mayores trabas y mayores impuestos, los grandes conglomerados pueden decidir buscar horizontes que favorezcan su competitividad. A mayor impuestos, menor competitividad. Y menor aliciente para la reinversión.
Recientemente con la aprobación del “plan anti crisis” se compartió la información que con el 1% de los más ricos, se va a obtener el 90% de las recaudaciones esperadas para resolver el tema de la crisis agrandada.
Sería como considerar un “Súper Paretto”, Ya que estadísticamente se ha mostrado como válido, la ecuación, que con una selección adecuada, con el 20% de los elementos en una serie estadística, se consigue el 80% del valor total en cuestión.
Si por ejemplo en una empresa se tiene un catalogo de 100 productos, con la selección adecuada de 20 de ellos, se lograría al menos el 80% de valor las ventas totales. Algunos analistas prefieren usar el 15/85 pero es el mismo criterio de aplicabilidad.
Pero si solo con el 1% de los ricos se conseguirá el 90% de la recaudación esperada, tenemos que saber claramente, que el fenómeno inflacionario se profundizará casi de manera automática.
Si usted toma la ampliación al 30% del impuesto sobre la renta, la ampliación al 0.20% de los pagos en cheques y transferencias, la retención incrementada al 15% de las personas físicas, y la presión que vendrá por el tema de la amnistía, que aún no se conocen detalles claros sobre ello.
El sobre costo que los principales actores económicos tendrán, “los más ricos”, transferirán como siempre al precio de venta ese costo agregado y algo más, por aquello del colchón y el punto de re orden, y entonces, el encarecimiento de los bienes y servicios en la economía será inmediato.
Claro, a mayor precio, más ventas y a más ventas más ITEBIS a retener y en este juego se da una “cofradía”, donde siempre la clase media y los más pobres pagan los platos rotos. Es decir, que no solo se recaudará más por esos impuestos directos, sino que también de forma indirecta por la transferencia de bienes y servicios, el gobierno también se beneficiara de la inflación creada, no para palear una crisis, sino para recaudar más.
Pero cuidado con la competitividad y la sobrevivencia. Los más pequeños sobrevivirán, y todas estas medidas, solo empujaran a la informalidad y a huir de los controles digitales que se impulsan, pero que encontraran fuerte oposición para evitar el secuestro de la libertad financiera de la población económicamente activa.