Muchas dominicanas crecimos viendo concursos de belleza. Eran un motivo de reunión entre primas, hermanas, amigas y, con los años, también entre adultas. Se comentan los vestidos, las respuestas y las favoritas y hasta se soñaba un poquito con esas coronas. Por eso, para quienes siguen estos certámenes, ver nuevamente a una dominicana conquistar una corona internacional da felicidad.
Joheirry Mola se convirtió en la segunda dominicana en ganar Miss Mundo, 44 años después de que Mariasela Álvarez hiciera historia en 1982. Su logro nos regaló uno de esos momentos que unen a un país alrededor de una misma alegría.
Qué bonito que esa corona vuelva a República Dominicana de la mano de una joven preparada, educadora, comunicadora y con un proyecto social dedicado a ampliar el acceso a la educación en inglés para niños y jóvenes de comunidades vulnerables.
Los concursos de belleza han cambiado y también han estado bajo el escrutinio y la crítica, cuestionándose su vigencia, su propósito y hasta qué tan necesarios son en estos tiempos. En medio de esas discusiones, Miss Mundo conserva una particularidad valiosa, que es su concepto de “belleza con propósito”, que pone las causas sociales, el servicio y el compromiso de las candidatas en primer lugar.
También hay algo simbólico en que el Miss Mundo vuelva a ser un punto de partida para una dominicana. Mariasela convirtió aquella corona en el inicio de una gran trayectoria en los medios de comunicación de nuestro país. Ojalá esta nueva corona sea para Joheirry el comienzo de un camino igualmente exitoso y abra las puertas para que otras jóvenes dominicanas se atrevan a llegar hasta allí.
Ahora disfrutaremos su reinado, conoceremos las causas que abrazará y la veremos llevar nuestra bandera a otras naciones y nos quedaremos con la alegría de poder que, después de 44 años, la corona de Miss Mundo vuelve a ser dominicana.