Los jóvenes dominicanos están siendo compelidos a elegir entre tres opciones.
La primera -y la deseable- es estudiar, aunque ello signifique un esfuerzo y un sacrificio extraordinario.
La segunda es salir del país por cualquier medio y caer en Estados Unidos, aunque le toque vivir sin documentación legal.
La tercera -la más fácil y terrible- es entrar en el mundo de la delincuencia.
Estudiar
Un gran número de jóvenes se dedican a estudiar con el objetivo de ganar una capacitación técnica o profesional.
Son los hijos formados en hogares con valores humanos, con visión de futuro y listos a afrontar dificultades de todo tipo para abrirse paso.
Los que a fuerza de sacrificios individuales y familiares logran graduarse, chocan de frente con un sistema que no valora los méritos.
Para un joven profesional acceder a una posición pública necesita vínculos con políticos o subordinarse a las condiciones del poder.
Buscar empleo en el sector privado, por lo general implica poseer vínculos familiares o amistades, por encima incluso de las competencias.
Emigrar
Los jóvenes que tienen oportunidad de viajar legalmente, lo hacen, aunque sean profesionales o técnicos, porque lo que ganan no les permite sobrevivir.
Otros emprenden el viaje de forma ilegal en condiciones muy temerarias.
Ya en el exterior, la profesión o el oficio se ponen a un lado para agarrar cualquier empleo, por duro que sea, que garantice ingresos.
Por eso hay médicos, enfermeras, ingenieros, agrónomos, veterinarios, dentistas y otros, trabajando en la construcción, en hoteles o son taxistas.
Bajo mundo
Los que no estudian, no encuentran trabajo ni facilidad para emigrar, son presa fácil de la delincuencia que los suple y los enrola en el bajo mundo.
Su estrecha mentalidad los convierte en fieles seguidores de falsos ídolos, consumidores compulsivos de pacotilla y exhibicionistas de dinero, prendas y relaciones mafiosas.
Su vida se derrocha en un mundo de drogas, asaltos y asesinatos.
La expectativa de un joven dominicano no puede seguir marcada por una expulsión continua de la sociedad.