La repetición ad nauseam de frases cortas y potentes que no necesitan decodificación y que, desde la lógica de la psicología de las masas anulan el pensamiento crítico, convirtiendo al individuo en parte de un rebaño, ha sido ampliamente utilizada por políticos y demagogos en todas las épocas.
Antes que Sartori teorizara sobre las bases conceptuales que posibilitan la construcción de los generadores de “frases cohete”, ya Gramsci había hablado sobre cómo la clase dominante logra la hegemonía cultural a través de la batalla de las ideas; de ahí que, ese “relato” tan cacareado por estrategas, coaches y “guruses” de la comunicación política moderna, es, en realidad, un poco más de lo mismo.
Ampliamente utilizados durante procesos electorales en democracias como parte de las estrategias de campaña (“Yes We Can”, “Make America Great Again”, “Vuelve y Vuelve”, “E’ pa’ fuera que van”, “El Cambio”, etc.), adquieren connotaciones peligrosas cuando, desde las lógicas totalitarias, son utilizados para demarcar un “nosotros y ellos” con vocaciones excluyentes y reduccionistas (“Sieg Heil”, “Patria o Muerte”, “Hasta la victoria”, etc.).
Al poder anulador del pensamiento crítico no escapan ni sus propios beneficiarios, por eso, ayer resultaba patético observar los diversos procesos de la Asamblea Nacional venezolana, en donde fue pronunciada toda la fraseología antimperialista posible; discursos apelando a Bolívar, Chávez, Maduro; conjurando todos los espíritus revolucionarios, bolivarianos y anti oligárquicos posibles; simplificando que el gobierno de los Estados Unidos le acaba de hacer un gol de placa, sin que nadie hiciera nada.
Que no bien acaban de levantarse del estupor, y ya un Rodríguez (Jorge) jura como presidente de la asamblea en lo que otra hermana (Delcy) lo hace como presidenta; en el mismo lugar donde una primera dama (Cilia) es también diputada junto a otro Nicolás (hijo), en el gobierno de su esposo (parafraseando los memes de WhatsApp: “Nepotismo abandonó el grupo”), para que todo quede en familia.
Los días por venir serán de [tragi]comedia. El régimen está obligado a repetir los mismos eslóganes que viene repitiendo desde hace 27 años, pero también a desdecirse en los hechos de lo que supuestamente pregona en las palabras. Será curioso ver cómo doblarán la rodilla, mientras vitorean a Chávez…
El chavismo es una farsa que sólo ha servido para quebrar un país, empobrecerle y empujar millones de venezolanos al exilio y miseria. Ahora que se enfrenta al dilema de evolucionar… o perder el poder, se verá enfrentando ante sus bases al espejo de una fraseología hueca que, a la hora de la verdad, cuando había que poner plomo en vez de palabras y “echarle bolas”, se rajaron y se vendieron, mientras intentan salvarse.
Ahora, mostrando con su actuación individual la verdadera naturaleza de todo el régimen, la usurpadora Delcy (porque la fuente de su poder es un fraude electoral) tendrá que cambiar la tilde al eslogan, y, en vez de decir “¡Firme!”, tendrá que decir “¡Firmé!”.
Para colmo, lo dirá con una sonrisa.