El presidente Trump planea un viaje histórico a Venezuela, que sería la primera visita de un mandatario de Estados Unidos a ese país en casi treinta años. Pero hacer ese viaje antes de que la dictadura venezolana deje regresar a la líder opositora María Corina Machado sería un error terrible.
La visita de Trump legitimaría un régimen totalitario, y sería un premio a la represión.
Trump declaró a la prensa el 13 de febrero, más de un mes después de la captura del exdictador Nicolás Maduro, que “voy a visitar Venezuela”. No dio una fecha exacta, pero dijo que la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, está haciendo un “muy buen, excelente trabajo”.
La Casa Blanca argumenta que no puede llamar a elecciones ya mismo porque habría un riesgo de caos y violencia. En lugar de eso, está impulsando un proceso gradual, que empieza con restablecer la seguridad y la estabilidad económica, y conduzca luego a elecciones libres en una fecha todavía no definida.
Pero hay buenas razones para temer que Trump no llevaría consigo a Machado en su viaje a Caracas —les contaré por qué más adelante— y que el régimen de Rodríguez solo busca fortalecerse con nuevos contratos petroleros y fotos sonrientes junto al presidente estadounidense.
Rodríguez sabe que Trump, que cumple 80 años en junio, podría convertirse pronto en un presidente políticamente débil si pierde las elecciones legislativas de noviembre. Puede que la presidenta venezolana esté simplemente tratando de ganar tiempo mientras Trump termina su mandato.
La preocupación de que la dictadura post-Maduro se atornille al poder creció en días recientes, cuando se supo que el portaaviones USS Gerald R. Ford, el más grande de la Armada de Estados Unidos, se fue de las costas de Venezuela hacia Irán. El portaaviones era la carta fuerte del bloqueo naval al petróleo venezolano, que obligó al régimen a ceder a algunas de las exigencias de Washington.
Sin una presencia militar tan masiva frente a la costa de Venezuela, ¿seguirán siendo creíbles las amenazas de acción militar de Trump? Probablemente, lo serán mucho menos.
El exasesor de Seguridad Nacional de Trump, John Bolton, ya me lo había pronosticado hace un mes. Bolton me dijo que una vez que el portaaviones partiera, “nuestra capacidad para mantener la presión sobre Venezuela para mantener el bloqueo se reducirá”.
Es cierto que el régimen venezolano ha liberado a más de 300 presos políticos bajo la presión de Trump. Pero el grupo de derechos humanos Foro Penal informó el 16 de febrero que más de 600 presos políticos permanecen detrás de rejas. Y muchos de los prisioneros liberados han sido puestos bajo arresto domiciliario.
A pesar de los elogios de Trump a Rodríguez, Venezuela no ha dejado de ser un estado policial.
Elliott Abrams, exenviado especial de Trump a Venezuela e Irán, me dijo que “sería un gran error que Trump fuera a Venezuela antes de que Machado haya podido regresar y antes de que todos los presos políticos sean liberados”.
Agregó que un viaje así “fortalecería al régimen sin que éste haga concesiones ni avance hacia una transición a la democracia”.
Cuando le pregunté si cree que Trump realmente irá a Venezuela, Abrams respondió: “Él dijo que quiere ir y no puso ninguna condición para ese viaje. Así que creo que todos deberíamos temer que irá».
En un mundo ideal, Trump llevaría consigo en su viaje a Machado y al candidato opositor de 2024, Edmundo González Urrutia. Pero no apuesten a que eso pase: Trump va a querer ser la única estrella de ese show. No va a querer compartir los reflectores con Machado, la figura política más popular de Venezuela.
Además, ya está claro que las principales prioridades de Trump en Venezuela son la estabilidad y el aumento de las exportaciones de petróleo venezolano a Estados Unidos, no la democracia. Llevar consigo a Machado podría desviar la atención hacia la democracia y amenazar la estabilidad y lucrativos acuerdos petroleros.
Trump está buscando una foto triunfal en Venezuela antes de las elecciones intermedias de noviembre en Estados Unidos, que según las encuestas le pintan bastante mal a su Partido Republicano.
Pero si viaja a Caracas antes del regreso de Machado, los venezolanos se quedarán con lo peor de ambos mundos: cientos de miles de deportados de Estados Unidos y una dictadura consolidada en su país.